Lenguaje exclusivo

por Betina Corrionero *

 

Mirando muros 

 

Últimamente (aunque el furor fue el año pasado) navegando por las redes sociales, más específicamente Facebook, me he encontrado con innumerables posteos que manifiestan estar en contra del lenguaje inclusivo, muchos de ellos, amparándose en la Real Academia Española, creyendo que citando a esta institución con tan importante nombre ya tienen la discusión ganada.    Hay otros posteos más tibios, a mi entender, del tipo “El verdadero lenguaje inclusivo es hablarle con respeto a un anciano, bla, bla”. Me parece que no tiene sentido detenerse en estos últimos porque es obvio que nadie está en contra de ese “lenguaje inclusivo” y lo que hacen es correr el eje de la discusión.

Estas publicaciones me han hecho pensar en algunas cuestiones. En primer lugar en mis “amigos” facebookeros (debería existir en Facebook una etiqueta que fuera algo así como “enemigo ideológico”) y después en esto tan polémico que es el lenguaje inclusivo, ¿De qué se trata? ¿Por qué surge? ¿Quiénes se oponen y por qué?

En cuanto a mis amigos de Facebook (tal vez llegue el día en que sean amigues) basta dar una recorrida por su muro para darse cuenta que las cuestiones lingüísticas y gramaticales no son su fuerte precisamente, en cambio, es frecuente encontrar posteos sobre “la yegua”, las “feminazis”, expresiones sexistas si las hay, pero claro, la Reaccionaria Academia Española no dice nada al respecto.

 

Lenguaje, poder y huevos

 

“– Cuando yo uso una palabra – insistió Humty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso – quiere decir lo que yo quiero que diga… ni más ni menos.

– La cuestión – insistió Alicia – es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

– La cuestión – zanjó Humpty Dumpty – es saber quién es el que manda… eso es todo”.

                                                      Lewis Carroll, en A través del espejo y lo que Alicia encontró allí.

 

“La cuestión es saber quién manda” dice Humpty Dumpty que, vale la pena aclarar, es ¡un huevo! Me pareció que, a pesar de ser muy citado este fragmento cuando se habla de la relación entre lenguaje y poder, venía bien para graficar la cuestión del androcentrismo y el sexismo en el lenguaje, de lo que pasaré a hablar.

El androcentrismo supone considerar a los hombres como el centro y la medida de todas las cosas. Lo masculino es el modelo a imitar, los varones son considerados los sujetos de referencia y las mujeres como seres dependientes y subordinadas a ellos. Por supuesto este pensamiento se refleja claramente en el lenguaje, en frases tales como “las edades del hombre” cuando se pretende hablar de la evolución de toda la humanidad. No sabemos si detrás de la palabra hombre se está pretendiendo englobar a las mujeres. Si es así, quedamos invisibilizadas, y si no es así, quedamos excluidas.

El sexismo es la asignación de valores, capacidades y roles diferentes a mujeres y hombres en función exclusivamente a su sexo, menospreciando y desvalorizando todo lo que hacemos las mujeres. Como dije al principio, una expresión sexista que en los últimos tiempos se escucha y se lee bastante es “yegua” utilizado como adjetivo, ya que, como veremos más adelante es un dual aparente.

El androcentrismo es un punto de vista, el sexismo una actitud.

 


Los efectos que producen en la lengua el sexismo y el androcentrismo se podrían agrupar en dos fenómenos. Por un lado el silencio sobre la existencia de las mujeres, la invisibilidad, el ocultamiento, la exclusión. Por otro, la expresión del desprecio, de la consideración de las mujeres como subalternas, como sujetos de segunda categoría, como subordinadas o dependientes de los varones.

El silencio se consigue a través de la utilización del género gramatical masculino como genérico (Los alumnos para referirse a un grupo de chicas y chicos). El menosprecio hacia las mujeres se manifiesta sobre todo en los duales aparentes, que son palabras con significado distinto según estén en femenino o en masculino (zorro/ zorra); en palabras que no tienen femenino y que designan cualidades, es decir, son positivas (“caballerosidad”, “hombría”, “hombre de bien”) y palabras que no tienen masculino y que llevan siempre una carga negativa (“arpía”, “víbora”).

A lo largo de la historia, los idiomas han tomado su forma según la repartición de poderes en nuestras sociedades. Es difícil pensar que la consolidación de genéricos masculinos no tenga relación con la concentración de poder por parte de los hombres. En sociedades donde el poder ha sido ejercido mayormente por hombres, lo masculino es la regla, y lo femenino, la desviación, o al menos lo otro.

 


Nuestra lengua influye en nuestra concepción del mundo. Cuando aprendemos una lengua, esta no sólo nos permite comunicarnos sino que adquirimos un conjunto de conocimientos, valores, prejuicios, estereotipos, actitudes, ideología... que nos sirven para organizar e interpretar nuestra experiencia, para construirnos como personas. Es decir, que constituye un producto social que acumula y expresa la experiencia de una sociedad concreta actuando también sobre la forma en que se percibe esa realidad. Además, la lengua no sólo refleja sino que a su vez transmite, y al transmitir refuerza los estereotipos marcados socialmente. En consecuencia las relaciones asimétricas, jerárquicas que se dan entre los sexos en nuestra sociedad se muestran en la lengua y la lengua contribuye a que estas relaciones se mantengan o transformen.

Es por esto que surge en la década del sesenta, desde los movimientos feministas, la necesidad de un lenguaje no sexista o inclusivo. Hoy en día el interés por el lenguaje inclusivo se ha expandido notoriamente y no sólo se plantea la visibilización de las mujeres en el lenguaje sino también las identidades de género no binarias.

 

Todos y todas, tod@s, todxs, todes

 

El lenguaje inclusivo intenta evitar el sesgo hacia un sexo o género social en particular.

Hay diferentes maneras de utilizar un lenguaje inclusivo o no sexista y también de posicionarse frente a él, que van desde evitar expresiones claramente sexistas, pasando por utilizar artimañas para no utilizar palabras que designen un determinado género hasta intervenir el lenguaje con otros símbolos o cambiar las vocales que denotan género. Todas son formas de desnaturalizar las expresiones sexistas que utilizamos cotidianamente para comunicarnos pero tienen diferentes grados de compromiso. Y por supuesto las formas más comprometidas del lenguaje inclusivo son las que molestan porque rompen las normas.

Cuando hablo de evitar expresiones claramente sexistas me refiero a prescindir del uso peyorativo de palabras relacionadas con la libertad y la orientación sexual y con la identidad de género (puta, marica, machona); evitar la cosificación de las personas; eludir el uso de la palabra mujer como sinónimo de esposa; evitar el uso de  señora de..., viuda de... y utilizar el apellido de las mujeres. Entre las artimañas para no nombrar un determinado género se encuentran el eludir formas que suponen heterosexualidad prefiriendo formas neutras como pareja o relación en lugar de novio o novia; evitar el uso del masculino universal, reemplazando la palabra hombre por persona, utilizando colectivos (el alumnado) y abstractos (la dirección).

Hasta acá hablaríamos de un lenguaje inclusivo parcial, ya que se esquiva un poco el bulto digamos, en algún momento de nuestros enunciados vamos a tener que expresar palabras que denoten género y ahí aparece el lenguaje inclusivo más comprometido, el que no “evita” sino aquel visibiliza a las mujeres y a las expresiones de género no binario.

Para visibilizar a la mujeres se utilizan dos estrategias: una es el desdoblamiento (alumnas y alumnos) y otra es la utilización del símbolo arroba (@), para reemplazar las letras que indican género en las palabras (l@s en lugar de los o las).

Tanto la arroba (l@s) como el desdoblamiento (las/los) pueden servir para hacer referencia a los sexos que componen el binario de género, pero no contemplan las expresiones transexuales, transgéneros, intersexuales, travestis, y personas que se auto-perciben con un género no binario. Para hacer referencia este amplio universo de expresiones de género que rebasa la bi-categorización reduccionista de varones y mujeres se proponen otras formas como la utilización de la letra equis (x) o el asterisco (*) para reemplazar las letras que denotan género en las palabras (lxs trabajadorxs, l*s trabajador*s); o el uso de otra vocal en lugar de a/o. Se ha difundido el uso de la vocal e (nosotres). Fórmula que, a diferencia de las anteriores, admite su uso en la expresión oral y es, además, una de las expresiones más difundidas en la actualidad entre les hispanohablantes, sobre todo en nuestro país.

Estas últimas formas, a la vez, cumplen con el criterio de economía del lenguaje, lo cual puede servir para responder a una de las críticas que le hacen al desdoblamiento quienes sostienen el uso tradicional del lenguaje.

 


 

Limpia, fija y da esplendor

 

Esto que parece el eslogan de un producto de limpieza, “Limpia, fija y da esplendor”, es el lema de la Real Academia Española que podemos encontrar en su emblema (un escudo que tiene una linda coronita). Esta frase tan pulcra nos adelanta un poco la postura de la RAE acerca del lenguaje inclusivo. Si consultamos en su página web podemos encontrar las siguientes expresiones al respecto:

“...con la expresión los alumnos podemos referirnos a un colectivo formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas. A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos: «Decidió luchar ella, y ayudar a sus compañeros y compañeras». Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva; así pues, en el ejemplo citado pudo —y debió— decirse, simplemente, ayudar a sus compañeros.”

Más adelante…

“Para evitar las engorrosas repeticiones a que da lugar la reciente e innecesaria costumbre de hacer siempre explícita la alusión a los dos sexos (los niños y las niñas, los ciudadanos y ciudadanas, etc.); ha comenzado a usarse en carteles y circulares el símbolo de la arroba (@) como recurso gráfico para integrar en una sola palabra las formas masculina y femenina del sustantivo, ya que este signo parece incluir en su trazo las vocales a y o:l@s niñ@s. Debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico y, por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo.”

 


 

La RAE nos regaña a quienes usamos algunas de estas formas no sexistas del lenguaje porque para eso existe el género gramatical masculino y listo. Ahora, yo me pregunto, ¿el genérico masculino es algo que se dio naturalmente o es el reflejo en el lenguaje de una desigualdad histórica?

Después de que se realizara el 8° Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) en la ciudad de Córdoba en marzo de este año, varios portales de noticias afirmaron que la Real Academia Española había aceptado el uso del lenguaje inclusivo luego de que el director de la institución dijera en el marco del Congreso: “Estamos más que dispuestos a favorecer todo lo que sea necesario para que la visibilidad del sexo femenino en el lenguaje se incremente mucho más”.

Sin embargo, esto no es así. Luego de que se viralizara la noticia falsa, algunos usuarios de Twitter consultaron la cuenta oficial de la RAE (@RAEinforma) para confirmar si era verdad que la institución ahora apoyaba al lenguaje inclusivo. La respuesta fue negativa: “Esa información no se corresponde con las declaraciones del director de la RAE, institución que no avala el llamado ‘lenguaje inclusivo’, que niega el valor genérico del masculino gramatical y altera artificialmente el funcionamiento de la morfología de género en español”.

Sumado a ello, en otro tuit, la RAE destacó que "el español ya dispone de un mecanismo inclusivo: el uso del masculino gramatical, que, como término no marcado de la oposición de género, puede referirse a grupos formados de hombres y mujeres y en contextos genéricos o específicos”.

A fines del año pasado, la RAE publicó un “Libro de estilo de la lengua española” donde incorporó términos como “yutubero”, “wasap”, “tuit” y hasta una serie de normas acerca de cómo deben ser utilizados los emoticones (Ah re). Pero rechazó de lleno el uso del lenguaje inclusivo: no acepta el uso desdoblado, como “todos y todas”, ni menos las variantes en e, x y @.

Pero bueno nada se puede esperar de una institución que desde el siglo XVIII, nunca tuvo como directora a una mujer y que actualmente solo tiene 7 miembros femeninos de 46.

La Real Academia no sólo regula los usos, lo “aceptable”, lo “incorporable” a la lengua española. Hacia el interior mismo del Estado español, ejerce y ha ejercido la represión y prohibición de otras lenguas como el catalán o el euskera. Ni hablar del rol imperialista que cumplió la lengua al ser impuesta a los pueblos originarios durante la sangrienta conquista de América en detrimento de las culturas autóctonas. Por eso pedir “permiso” a la RAE para usar el lenguaje inclusivo es como pedir al patrón autorización para hacer huelga.

 


 

Si necesitamos alguna voz autorizada en el terreno de la lingüística que “justifique” el uso del lenguaje inclusivo para quedarnos tranquiles, podemos citar algunos conceptos de Saussure (1). Uno de ellos es la arbitrariedad del signo, es decir, el lazo que une al significado y al significante no es motivado sino arbitrario, por lo tanto, como ya dije antes, el uso del genérico masculino no es natural, es una arbitrariedad, factible a ser modificada. Por otro lado, Saussure plantea la mutabilidad del signo, es decir que el signo lingüístico con el tiempo sufre cambios o alteraciones de acuerdo al uso que hace de él la comunidad hablante, entonces se produce un desplazamiento entre significado y significante. Por lo cual podemos decir que en un determinado momento existía el consenso en la sociedad de que el significante “alumnos” podía hacer referencia al significado “conjunto de estudiantes mixto (varones y mujeres)” y que ese consenso ya no existe, porque hay sectores dentro de la sociedad para quienes ya no tiene ese significado.

El lenguaje no es un hecho biológico y natural sino una adquisición cultural, por lo tanto, modificable por la voluntad de las personas. La lengua es un instrumento flexible, amplio y vivo que está en continuo cambio y se puede adaptar perfectamente a nuestra necesidad o deseo de comunicar.

 

Máscaras

 

Como dice Eulalia Lledó (2) “las lenguas son amplias y generosas, dúctiles y maleables, hábiles y en perpetuo tránsito; las trabas son ideológicas”. 

Volviendo a les anti-lenguaje inclusivo facebookeres que motivaron mi reflexión, creo que ocultan bajo la máscara de la gramática su ideología reaccionaria. Lo que les molesta no es que no se cumpla con las normas lingüísticas, sino que las mujeres reclamemos igualdad desde todos los frentes, y no solo las mujeres, sino también los putos, las tortas, los maricones y toda esta gama de “desviados” que además de existir quieren tener visibilidad en el lenguaje. Prefieren seguir usando un lenguaje “exclusivo” de machos, lo cual está bien porque refleja su pensamiento; lo que está mal, para mí, es la pretensión de que todes lo sigamos usando, así como nosotres (yo por lo menos) no pediríamos que elles utilicen el lenguaje inclusivo, con que se respete y no se pretenda censurar alcanza.

Los obstáculos u objeciones que se plantean desde este sector nunca se sostienen en argumentos estrictamente lingüísticos: si escarbamos un poquito terminan siendo políticos e ideológicos.

 


 

No voy a negar que la utilización del lenguaje inclusivo puede resultar forzada (por ahora) y de difícil incorporación en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana pero creo que es una herramienta de lucha desde el plano de lo simbólico fundamental para reflexionar sobre el sexismo en el lenguaje y en la vida.

Recordemos que la función principal del lenguaje es la comunicación. Y esta será mejor cuanto mejor reflejada quede la realidad de lo que queremos explicar. Por más que todavía no lo tengamos naturalizado al lenguaje inclusivo, quienes tenemos la voluntad de utilizarlo, ya no podemos usar el genérico masculino sin que nos haga ruido porque no refleja lo que realmente queremos comunicar. Si en un aula donde hay visiblemente alumnos y alumnas y posiblemente otras identidades de género, me dirijo a elles diciendo “chicos” siento que estoy dejando afuera a cierta parte de los estudiantes.

Valentín Volóshinov (3), en El marxismo y la filosofía del lenguaje, señala a la palabra como el “signo ideológico por excelencia” y reconoce al signo lingüístico como una arena de lucha, un terreno donde se pueden rastrear las disputas ideológicas que se dan en el plano material. El lenguaje es mucho más que palabras, no es neutro ni inocente, y es fundamental en el desarrollo y formación de la identidad de las personas por su estrecha relación con el pensamiento. Por eso, fomentar el uso de un lenguaje que no invisibilice ni discrimine a ningún sector de la sociedad, para mí, es fundamental.

El movimiento de mujeres en su heterogeneidad, y la diversidad sexual, han tomado conciencia de que el lenguaje también es un terreno a disputar. La cuestión del lenguaje inclusivo es política y más allá de lo que diga o deje de decir la RAE, lo que tenemos que lograr es la libertad de poder usarlo en todos los ámbitos, incluso en las instituciones educativas, que felizmente ya hay algunas que tomaron la posta.

El llamado lenguaje inclusivo es entonces una herramienta de lucha, política e ideológica, que se materializa en cada huella que va dejando su paso.

 

 

 

 

1) Ferdinand de Saussure (Ginebra, 26 de noviembre de 1857 - Morges, 22 de febrero de 1913), cuyas ideas sirvieron para el inicio y posterior desarrollo del estudio de la lingüística moderna en el siglo XX. Se lo conoce como el padre de la "lingüística estructural" del siglo XX. Después de su muerte sus alumnos publicaron en 1916 el Curso de lingüística general, una reelaboración de los apuntes de clase. En el Curso, que se ha convertido en un hito de la historia de la lingüística, se destacan las referencias que hace Saussure sobre el signo lingüístico. 

2) Eulàlia Lledó i Cunill (Barcelona, 1952) es una doctora en filología románica por la Universidad de Barcelona especialista en investigación sobre sexismo y lengua.

3) Valentín Nikoláievich Volóshinov (San Petersburgo, 1985 - Leningrado, 1936) fue un lingüista ruso miembro del llamado Círculo de Bajtin, junto a Mijaíl Bajtín y Pável Medvédev. Es uno de los principales referentes de la teoría literaria marxista. Su principal obra es "El marxismo y la filosofía del lenguaje", escrita hacia fines de los años 20. Allí realiza una crítica a la lingüística contemporánea (De Saussure, Vossler, Potebnyá, Steinthal) volcada al estudio del signo lingüístico abstracto y del lenguaje como un sistema de normas invariables, y desarrolla su teoría del signo ideológico. 

 

 

 

* Nació en 1982 en las islas de San Fernando, en Río Carabelas, que es el límite entre Campana y San Fernando. Estudia el profesorado de Lengua y Literatura en el Instituto de Formación Docente nº 116 de Campana. Le faltan 5 materias para recibirse.

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