Educación en tiempos de pandemia

por Silvina Abadia

 

No sé cómo será la situación en otras partes del mundo pero en Argentina le ponemos humor a las situaciones más difíciles. En tiempos de aislamiento y redes sociales, buena parte de este humor se canaliza a través de memes. Hace unos días leí uno que, como docente, me dio mucha gracia: “A todos esos padres que dicen que pueden enseñar mejor que los maestros… les ha llegado su momento de brillar...”. Me reí como docente… no tanto como madre cuando empezaron a llover tareas para mis niñes.

Pasamos del pedido desesperado para que se suspendan las clases a la desesperación porque les niñes y jóvenes no dejen de aprender. A los docentes nos dieron pelota para suspender las clases pero nos exigían que fuéramos a las escuelas. Ridículo. Después de mucha presión de los gremios y de los docentes se comprendió que hay que evitar la circulación lo más que se pueda y se aceptó que, en la medida de lo posible se trabaje desde casa. Hay como una obsesión en ámbitos públicos y privados por que los trabajadores demostremos que estamos trabajando tanto o más que cuando acudimos a nuestros espacios de trabajo. En educación eso conlleva generar una batería de actividades que recaen sobre nuestros alumnos para que vean que planificamos muchas cosas y trabajamos mucho pero la contracara de esto es familias que tienen que ponerse a realizar tareas de los más diversos tipos   ̶ en mi caso, intentar recordar que era un divisor y un múltiplo y cuántos planetas tiene el sistema solar para la resolución de la tarea enviada a mi hija de 9 años y convencer al más pequeño de que quiera recortar y pegar las letras de su nombre. También nos llueven todo tipo de recomendaciones sobre sitios web donde podemos acceder a material audiovisual y de lectura y toda clase de ideas ingeniosas para hacer en casa….


Hay una idea bastante difundida y aceptada y es que enseñar es una tarea relativamente sencilla y que cualquiera puede realizar. En todo caso la complejidad de la enseñanza está relacionada con las características del saber a transmitir. Por eso a nadie le parece simple enseñar matemáticas o química pero sí enseñar en el jardín de infantes, donde el contenido a transmitir es muy básico. Otra forma de percibir la complejidad está dada por las características del grupo a quienes se dirige esa práctica, por ejemplo, plantear la dificultad de intentar educar a un grupo de adolescentes. Por otra parte, hay otros factores de la realidad que sostienen esta idea. En primer lugar, nuestro salario, que no hace falta profundizar en que es bajo para todos y en especial en los que trabajan en los primeros niveles del sistema educativo. En segundo lugar gente que no ha sido preparada específicamente para enseñar lo hace, aquellos que han estudiado una carrera profesional y luego se dedican a dar clases sin mayores requerimientos que saber el contenido a transmitir. Algunos, además, lo hacen bien.

Yo trabajo en formación docente, principalmente enseño Pedagogía y Didáctica. Se trata de materias bastante denostadas por quienes sostienen lo que planteaba antes. También en muchos casos por estudiantes de profesorado que están abocados a estudiar la disciplina que van a enseñar y desdeñan saberes que van a servir de fundamento para las decisiones que tomen en el aula.

Hace una décadas atrás se sostenía un paradigma de enseñanza según el cual el docente implementaba técnicas pensadas por otros especialistas. Desde esta perspectiva, el docente era un técnico que administraba metodologías que él mismo no diseñaba. Hoy se sostiene otro paradigma. Sabemos que nuestros alumnos son todos diferentes y aprenden de distinta manera, por lo tanto tenemos que diseñar estrategias de enseñanza que se ajusten a la diversidad y estar pendientes del recorrido que cada alumno realice. Tenemos que procurar que comprendan y desarrollen un pensamiento crítico y reflexivo, para eso debemos facilitar la participación de todos y acompañar a cada uno. Debemos preocuparnos que todos aprendan y para poder tener indicios del proceso de aprendizaje tenemos que instrumentar diferentes propuestas de evaluación. La formación docente nos da apenas una base como para iniciar nuestro trabajo, pero como cualquier profesional, tenemos que seguir estudiando, formándonos y actualizando, además de reflexionar sobre nuestra propia práctica. Por último, no hace falta ahondar mucho en la cantidad de trabajo que nos llevamos a casa.


Pues bien, enseñar no es una tarea fácil, no cualquiera puede hacerlo (yo no pude convencer a mi niño de 4 años de que recorte y pegue las letras de su nombre) y nada reemplaza el ir a la escuela, estar en contacto directo con el docente y aprender con otros. Además, como madre corroboro que uno de los niveles más difíciles para enseñar es el nivel inicial. Los contenidos son sencillos, pero de qué manera poder lograr que niños tan pequeños construyan esos aprendizajes… muy complejo.

En estos días de cuarentena yo diría que respiremos hondo y bajemos un cambio. No vamos a suplantar en casa todas aquellas actividades que todos realizaríamos normalmente. Hagamos algunas de las propuestas que nos llegan y tratemos de hacer con los niños cosas que todos disfrutemos sin la presión de reemplazar a la escuela y otras actividades. Esto va para largo y tenemos que cuidarnos mucho, tratemos de ponerle onda y buen ánimo y no nos presionemos como padres a realizar todo lo que nos piden de todos lados porque no somos terapeutas (mi hijo realiza algunas terapias), ni docentes de nivel inicial, primario o secundario. Tratemos de generar un buen clima en casa ya que bastante estresante es el contexto. Y de paso aprendamos a valorar más el trabajo que todos los docentes de los distintos niveles del sistema educativo realizan todos los días, ya que no es una tarea fácil, requiere de mucho compromiso y preparación.

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