Pedagogía del desprecio

por Silvina Abadia

 

Las recientes declaraciones de la ministra de educación de CABA, Soledad Acuña, sintetizan de manera tan clara y cruda el pensamiento del sector político al que pertenece, que realmente me hizo daño escucharlo y me generó una necesidad insoportable de hablar y de decir tantas cosas que no sé por dónde empezar. No es que sorprenda, no es que una no sepa lo que piensa ella y tantos funcionarios, pero muchos políticos están habituados a sostener lo “políticamente correcto” en sus declaraciones públicas que es difícil encontrar este tipo de declaraciones: así, todas juntas, rotundamente planteadas.  

Una de las cuestiones que la ministra expresa es su repudio a una supuesta politización de la educación. Más exactamente, habla de la supuesta “bajada de línea” que los docentes realizan y sobre la que es difícil actuar porque sucede en la intimidad del aula. Es difícil tener que afirmar una y otra vez que TODA EDUCACIÓN ES POLÍTICA, toda educación está sustentada en una concepción de sujeto, de conocimiento, de educación y esta es política, filosófica e ideológica. Esto responde a una mirada que el partido político al que pertenece la ministra sostiene, en algunos casos con mucha efectividad, que es el discurso de la antipolítica.

 


La ministra Acuña en videoconferencia

Desde el inicio se presentaron como gerentes asépticos, sin ideologías y sosteniendo permanentemente un desprecio por la política como una herramienta de transformación de la realidad. Así piensan la gestión, así pretenden manejarse, como gerentes de empresa, como patrones de estancia. Se les nota la indignación y la impotencia cuando, quienes sienten sus subordinados, sus empleados, no responden sumisamente a sus mandatos. Desprecian a las organizaciones gremiales y a quienes se organizan y reclaman y resisten sus políticas, en muchos casos con efectividad, logrando doblegar sus decisiones, como el cierre de los institutos de formación docente, el de las escuelas secundarias nocturnas o el proyecto de la escuela del futuro. La ministra lo dijo claro: ella no tiene por qué discutir con los docentes la vuelta a clases, tampoco cuestiones vinculadas a lo pedagógico, sólo se tiene que restringir el intercambio con los docentes a cuestiones de tipo salarial. Acuña menciona que no entiende por qué, cuando participa de una reunión del Consejo Federal de Educación, instancia que reúne a las máximas autoridades educativas de todas las jurisdicciones con las del gobierno nacional, para realizar acuerdos en término de política educativa, tienen que estar presentes los gremios docentes. Particularmente ella menciona absorta la presencia de Roberto Baradel, y la mención no es casual, la estrategia es demonizar a los gremios y este dirigente gremial ha sido históricamente blanco de este tipo de campaña de desprestigio.

Esta posición demuestra un claro y absoluto desprecio por la democracia. La historia del movimiento de los trabajadores en nuestro país nos deja una lucha por décadas contra esta forma de ejercicio de la política y ha tenido logros fundamentales para fortalecer la democracia, para equilibrar los intereses en juego en una sociedad tan desigual. Los trabajadores de la educación no han sido la excepción. No sólo peleamos por mejores condiciones salariales, sino que sostenemos nuestro derecho a la participación en la decisión de las políticas educativas y curriculares. Nuestra voz, la de quienes llevamos adelante y materializamos estas políticas, no puede estar ausente en estas instancias. En el caso de la CABA también ha sido muy importante la movilización estudiantil, los jóvenes se han movilizado con mucha fuerza resistiendo las políticas educativas del gobierno de Mauricio Macri y de Horacio Rodríguez Larreta. Los funcionarios miran con sorpresa e indignación que docentes, familias y estudiantes no agachen la cabeza y acepten sumisamente lo que desde sus gobiernos disponen. No entienden la lucha y la pelea por participar e influir sobre las decisiones de política educativa. No entienden la pasión y el compromiso por la educación pública porque ellos no la tienen. Ejercen una pedagogía del desprecio.

La estrategia es desprestigiar a los docentes, atacarlos, enfrentarlos con las familias. Esto no es novedoso, no lo inventó el PRO. Ya en la década del ochenta, organismos financieros internacionales, como el Banco Mundial, que a través del otorgamiento de créditos influían sobre las políticas educativas en los países de la región, afirmaba: “La baja moral de los maestros, el menor tiempo que pasan en las aulas y la lentitud con que se adoptan técnicas didácticas más modernas se consideran las causas principales del deterioro o estancamiento de la calidad de la enseñanza primaria. Los sueldos de los maestros son bajos, factor que guarda relación con la corta duración de los días lectivos. Los maestros por lo general tienen una jornada de trabajo neta de 3.25 horas diarias (e incluso 2 horas diarias en algunos casos), ésta carga de trabajo es quizás la más baja del mundo”(1).

También se ataca a los Institutos de Formación Docente, a los cuales no pueden doblegar y no pudieron cerrar. Para ello, además de hablar de lo que antes decíamos sobre la supuesta bajada de línea, se refiere a las características de los estudiantes de profesorado. Al respecto manifestó una de las cosas que más indignó a los docentes, que los mismos provienen de estratos bajos de la población, con un pobre capital cultural, de edad avanzada y que arriban a la docencia después de varios intentos en otras carreras, a los que la ministra calificó de fracaso.

 


Tampoco es novedosa esta preocupación sobre el perfil de los estudiantes de profesorado. Al respecto hay numerosos estudios que analizan esta situación, ya en distintos documentos que se realizan en la década del 90 e inicios del 2000, no sólo en nuestro país, plantean que el perfil de estudiantes que acceden a los profesorados son efectivamente de sectores bajos y cuyas trayectorias educativas previas no han sido buenas y esto se manifiesta en dificultades para el recorrido en el nivel superior y para el posterior ejercicio profesional. La ministra también plantea que la educación que reciben los sectores populares no logra tener buenos resultados.

Aquí quisiera plantear algunas cuestiones. En primer lugar y de la misma forma en que el ex presidente Macri describía la situación del país y la economía a través de la figura de fenómenos meteorológicos que no pueden evitarse y como si él fuera un mero espectador y comentarista de la realidad que no tiene ninguna responsabilidad al respecto, la ministra comenta la situación educativa en un punto pareciendo ignorar como funciona y por otro lado como si ella nada tuviera que ver con la situación.

En este sentido hay que plantear que no es cierto que no se puede intervenir sobre lo que los docentes hacemos desde el aula. Somos funcionarios públicos y todo el tiempo damos cuenta de nuestro trabajo y somos supervisados. Entregamos planificaciones, completamos temarios y nuestros alumnos registran todo lo trabajado en sus carpetas y cuadernos. Nuestra tarea tiene un sentido pedagógico, ético y político muy fuerte. Siempre. El problema es que no somos marionetas a las que doblegar, tenemos posicionamientos propios y fundamentos para desarrollarlos y llevarlos a cabo. Si pelear por los derechos de nuestros alumnos y enseñarles a defender sus derechos es una bajada de línea, pues si, bajamos y seguiremos bajando línea. Pero agachar la cabeza y enseñarles a ser sumisos y a aceptar la realidad tal cual está planteada, también es una bajada de línea, aunque en otro sentido y aunque traten de disimularla.

Por otro lado, se afirma que los sectores populares tienen un escaso capital cultural. Hay que plantear que esto se considera teniendo en cuenta la cultura hegemónica que tiene lugar en el sistema educativo. Es un debate histórico dentro del campo pedagógico aquel que pone en tensión cuáles son los saberes válidos y legítimos para transmitir en la escuela. Pero, por otro lado, si consideráramos que esto es cierto, cuál es el rol que el gobierno de CABA en fortalecer las trayectorias educativas de estos sectores sociales. Hay que decir que están en el gobierno hace varios mandatos y lo único que han hecho es empobrecer y vaciar la educación pública y los programas socioeducativos como las orquestas infanto juveniles (cuyo objetivo, justamente, tiene que ver con acercar a los alumnos de sectores populares a expresiones artísticas a las que difícilmente podrían acceder). Pablo Gentile planteaba en un artículo que escribió hace unos años respecto de la democratización de la educación secundaria, que si realmente se quisiera revertir la desigualdad al interior del sistema educativo, había que darles lo mejor a los que menos tienen. Los sectores populares tendrían que tener los mejores edificios, los mejores docentes, los mejores recursos y las mejores condiciones de trabajo. Esto no es lo que sucede. Y encima se lo contrasta con un discurso meritocrático.

 


Soy docente en un instituto formador de docentes y yo estudié en una universidad pública. Estudié en una universidad donde los que asistíamos pertenecíamos a la clase trabajadora, mis alumnos pertenecen a la clase trabajadora. Nuestras trayectorias educativas no son fáciles, muchas veces tenemos que trabajar para pagarnos los estudios y se nos hace difícil dedicarle tiempo a todo. Muchos de mis alumnos tienen hijos y hacen malabares para poder venir a clase, para venir en el horario donde sus hijos están escolarizados o tratar de encontrar a alguien que los cuide. Tengo alumnos adultos que pudieron terminar la secundaria en bachilleratos nocturnos o con el plan FINES. Bienvenidos todos, no es su responsabilidad no haber terminado su escolaridad antes, es responsabilidad de un Estado que no reparte oportunidades para todos por igual. Bienvenidos todos los que quieran estudiar, cuando puedan y como puedan. Es responsabilidad del Estado apoyar y acompañar sus trayectorias, fortalecerlos en sus conocimientos y compensar lo que el propio Estado hizo mal antes.

También es responsabilidad del Estado fortalecer nuestras trayectorias como docentes, formarnos y darnos recursos cuando estamos trabajando. Los docentes cobramos poco, no es novedad, tenemos que llenarnos de horas o tener varios cargos para poder llegar a un salario digno. Tenemos que dedicar muchas horas de trabajo en casa para poder sostener las horas de clase. La ministra dice que las familias pueden ver ahora, en tiempos de pandemia y clases virtuales, nuestro trabajo. En buena hora, a lo mejor esto ayuda a que nuestra labor se valore más. Los docentes nos capacitamos en nuestras horas libres y, muchas veces, pagando cursos o materiales y recursos de nuestros propios bolsillos. En el contexto actual de pandemia, para sostener la continuidad pedagógica, tenemos que trabajar con nuestros propios dispositivos electrónicos y pagar el acceso a internet.

Muchos funcionarios comparan la situación de nuestro sistema educativo con la de otros países y dicen con liviandad, por ejemplo, “seamos como Finlandia”. Dennos las condiciones laborales de los docentes finlandeses, que trabajan pocas horas (en comparación con nosotros), que tienen pocos alumnos por curso (los adecuados) y que se desempeñan en edificios bellos, bien equipados y con buenas condiciones de infraestructura y así escucharemos las críticas que tengan para realizar. Denles a nuestros alumnos los apoyos necesarios para que tengan condiciones dignas de vida y el cumplimiento pleno de sus derechos y allí discutiremos la meritocracia.

Por último, gran parte de los funcionarios del PRO, con trayectorias educativas en colegios de elite del sector privado y sin dificultades ni sobresaltos en su recorrido, manifiestan una enorme ignorancia y mediocridad, además de una clara insensibilidad. De este lado de la grieta dejen que nos sigamos “cayendo” en la escuela pública y que sigamos peleando por un sistema educativo justo, democrático e igualitario.

 

(1) Banco Mundial. Argentina. Reasignación de los recursos para el mejoramiento de la educación. Washington D. C., 1988, pág. 11.

 

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