créditos producción fotográfica: Alexis Maldonado 

Una escritora de la cotidianeidad

Virginia Castro nació en Zárate, en 1960, y desde hace doce años publica sus relatos en el diario El Debate. Muchos de ellos parten de situaciones o de hechos reales que llaman su atención. Escribe a mano, la mayoría de las veces en Plaza Café, su café favorito. Sus historias y sus temas nos resultan familiares. La espontaneidad y la frescura de su escritura son las que logran esa sensación de cercanía.

Entrevista por Leonardo Maldonado          

¿Cuáles son tus primeros recuerdos de escenas de lectura, cómo te formaste como lectora?

En la escuela primaria. Los primeros libros que leí eran de niñas, como Mujercitas, y de aventuras como Veinte mil leguas de viaje submarino. Los sacaba de la biblioteca escolar. El primer libro que me regalaron fue Corazón, de Edmondo de Amicis, cuando tenía ocho años. Eran relatos cortos con cuestiones relacionadas a lo social. Mirá, recién me doy cuenta, es como lo que escribo ahora, nunca lo había pensado. Me acuerdo de haber leído los cuentos de Poldy Bird, que tenían contenidos muy dramáticos. De ahí me viene la síntesis que hago de las películas: de amor y de llorar. Uno de los libros se llamaba Cuentos para leer sin rimmel.

¿Qué te lleva a escribir?

Pasé por otras disciplinas de lo artístico antes de escribir. Estudié títeres en la municipalidad de Zárate. Se formó un elenco e hicimos funciones locales y participamos de algunos encuentros bonaerenses. Trabajé desde el 85, varios años, en ese campo. Después hice un curso de teatro con Domingo Trupia, un año de canto, y después empecé a escribir. Trupia me animó a representar un parto en escena, las que sí eran madres e iban al taller no quisieron hacerlo. A medida que fui avanzando en edad, fui encontrando más placer en poder hacer algo en soledad como es la escritura. El tema de pensar, escribir y corregir se hace en soledad.

¿Qué escribís, qué te interesa contar?

Primero fui a un taller de escritura de Alicia Melo, ahí fue lo primero que escribí de ficción. Eran relatos y cuentos. Era de escribir cartas con parejas y amigos que vivían lejos, pero nunca había escrito ficción. Después del taller nunca dejé de escribir. Fui dos o tres años, en 2003 o 2004. En lo que escribo ahora, en cada relato de ficción se trasluce algo que tiene que ver con lo social.

¿Cuál fue tu primera publicación?                         

Una reseña de un espectáculo de música, del grupo Latin Jazz, en Ciudad Z, una revista cultural de acá. Después, para un aniversario de la muerte del Che hice una reseña del disco que canta Jairo del Diario del Regreso, que son poemas de Hamlet Lima Quintana con música de Oscar Cardozo Ocampo. El disco lo hicieron cuando encontraron los restos del Che en Bolivia. Lima Quintana escribió todo lo que iba pensando mientras los restos iban hacia Cuba. Y a cada poema lo musicalizaron con el ritmo de las regiones por las que iban pasando. Como no partieron de Argentina, utilizaron un tango como una evocación.

¿Cuándo empezaste a publicar en El Debate?

En 2006, en un suplemento cultural. Fue una crónica de un concierto que un músico de Zárate, Claudio Posadas, ofreció en Capital. Cuando empecé a estudiar Comunicación, publiqué una crónica de un espectáculo que Jairo dio en el Coliseo. Y después de uno o dos meses empecé a publicar relatos semanalmente. A principios del 2009 pasé al cuerpo del diario.

¿Es difícil escribir un relato una vez por semana?

Sí. Hoy soy el chico que se cruzó con los viejos que iban caminando y mañana es otro tema.

En tus relatos abordás historias de personas comunes, y hay una aguda mirada sobre la cotidianeidad. Parece que pensaras los relatos como si alguien espiara sus vidas.

Sí. Escribo muchas cosas que observo en el café. Y de una escena real escribo un relato que es ficción. Todo lo que escribo ambientado en el bar no es real, pero pasa una chica con un vestido floreado y lo cuento. Escribo a mano y luego lo paso a la computadora. No puedo superar los cuatro mil caracteres, entonces a veces lo que escribo lo tengo que adecuar al espacio. Casi siempre tengo que sacar, es raro que tenga que agregar.


escribir a mano...

Muchas de tus historias tienen una notable carga de erotismo. Utilizás mucho la descripción para generar atmósferas. ¿Cómo lo lográs?

Sí. Es como lo del bar. Una escena o una situación me disparan la historia. Y la enmarco en un relato de ficción.

¿Cómo pensás la estructura de tus relatos?

No la pienso.

Me decís que no pensás en una estructura, sin embargo muchos de tus relatos tienen una vuelta de tuerca al final.

A veces parto del remate, o de esa vuelta de tuerca, y lo enmarco en un relato mayor.

¿Tus relatos parten siempre de la observación?

La mayoría de las veces.

Me da la impresión que al escribir sos muy intuitiva.

Sí.

¿Algunos de tus relatos son autobiográficos?

Parcialmente.


Podés leer uno de sus relatos aquí: 

http://www.eldebate.com.ar/los-besos-eternos/

Llama la atención que siendo tan asidua al teatro, al cine y a conciertos, no incluyas estos espacios como escenarios de tus relatos.

Porque lo que pasa en esos lugares es la obra y yo, no es la observación del resto.

Muchas de tus historias están relacionadas con la dictadura militar y con la defensa de los DDHH, ¿por qué los incluís?

Porque me parece que es lo que nunca hay que dejar de contar. Es muy doloroso saber que en ese tiempo sucedían cosas que no sabíamos. Es tremendo. Que hayan puesto una bomba en la biblioteca José Ingenieros y que en ese momento no se pudiera hablar de lo que había pasado es lo que hace que uno nunca quiera dejar de hablar. En la biblioteca hay un mural gigante, se rompió, y la Comisión decidió no repararlo. Se reparó lo edilicio, pero el mural no.

¿Escribirías una novela?

No, porque me cuesta relacionar las situaciones en algo más macro. Me cuesta leer novelas largas. Tampoco puedo escribir poesía, no me sale.

Sería interesante que pudieras publicar tus relatos en forma de libro.

El proyecto está. Hay que trabajar.

 

 

 

 

#Virginia Castro #narrativa Zárate