crédito: Lucas Ezequiel Camargo 

Poemas del desgarro

Leonel Alesis es escritor. Nació en Campana en 1989. Estudia profesorado de Lengua y Literatura y Bibliotecología en nuestra ciudad. En 2016 publicó su primer libro de poemas, “La luna boca abajo” (Tinta China Editorial). Escribe cuentos desde niño y poemas desde hace unos cinco años. Desde que se dedicó a la poesía no ha vuelto a la prosa; dice que en breve volverá a los cuentos. Sus poemas están habitados por un desgarramiento vital, y entonces siempre hay algo (un sentimiento, el sexo, el tiempo, el yo) que inexorablemente se pierde pero también hay algo que se gana, recompone o nace (otro sentimiento, otro sexo, otro tiempo, otro yo). Los dos poemas y la prosa lírica que a continuación reproducimos constituyen un adelanto de su próximo libro, que aún no tiene nombre definido.

 

AMASTE

 

amaste a alguien

te paraste a un lado y escuchaste

lo que tenía para decirte

lo que pensó por tu mirada

que necesitabas escuchar

pero como otras veces

y como siempre será

no prestaste mucha atención

sino habrías entendido 

que eras vos quien hablaba

tu voz y las nubes bajas 

y nada más

por dentro te consumían 

el hambre y la sed 

aún así te sacaste las palabras de la boca

y las metiste en la suya

sin dudarlo un segundo

sin pedirle permiso

para compartirlas?

para entenderlas?

lo que amaste deambulaba sin dirección

en tu cabeza

eras vos caminando hacia atrás

borrando con tus pies las huellas

de un camino que creías intransitable

buscando algo que no perdiste

sino que diste a cambio de otra cosa

o que te fue quitado

cuando dormías

o mirabas lo que no tenías

que mirar

ya no importa

quizás hoy

que no tenés a nadie

estás realmente amando

 

 

   NOTAS SOBRE LOS GRANDES TEMAS

 

   1. Nacer en este mundo es espiar por la mirilla de una puerta que todos menos vos evitaron la intimidad de alguien deseado con locura. Tocamos la madera y nos preguntamos cómo nos sentiríamos del otro lado, qué haríamos con el tiempo limitado del que disponemos. Borrachos de ansiedad. Obsesionados con la expectativa de dejar de ser uno.

   2. Lo que llaman morir no es más que esperar a que la lluvia empeore (o mejore, según cada quién) para sacarse la capucha. Por primera vez en tu vida no hay nadie cerca. No sabés si es de día o de noche, pero no importa: la calle vacía es enteramente tuya. Sos libre al fin de ir a donde quieras. ¿No es esto lo que siempre esperaste?, te pregunta una voz dentro de tu cabeza, una voz que te da un poco de desconfianza al principio, antes de dar el primer paso.

   3. La esperanza es lo primero que dejamos ir, la máscara de plata que elegimos de la estantería antes que cualquier otra, si es que no fuimos seducidos por el doble discurso de la de oro, que espera al lado, y recibe el nombre de amargura, a veces acomodo. Cuidado: están juntas desde siempre, insultándose en susurros, y es casi imposible no confundirlas.

   4. Felicidad es ilusión. Un estado de euforia, a eso le llaman, jóvenes y viejos, felicidad, pero nadie se escuchó a sí mismo durante el vértigo de la ola, sino cuando el mar duerme. No de otra forma las gaviotas pueden volver a la playa y reencontrarse.

   5. Nunca se ama lo suficiente. Esperamos con paciencia infinita que las ramas de un árbol muerto crezcan y reverdezcan, nada más para al final entender que están destinadas a volver a las raíces de las cuales brotaron. Podemos apoyarnos contra el árbol y dormir una larga siesta, y pensar y fantasear y hacer planes para el futuro, o tomar la decisión de empezar a treparlo. Es la única elección que podemos hacer en vida.

   6. Hace tiempo a mis amigos les presté mi piel para que anden por el mundo, para que sean yo, y digan mi nombre cuando digan el suyo, dónde y porqué yo no soy ni fui. Lo sé porque esta mañana alguien me despertó llamándome. El sol ardía con la misma fuerza de siempre a través de un cielo acuchillado por refusilos. Miré alrededor y en la habitación vacía, no estaba solo. Nunca lo estoy, gracias al más inmaterial de los regalos que nos está permitido hacernos a nosotros mismos sin darnos cuenta; ellos tampoco.

 

                                                                                                                             Jujuy, 3 de enero de 2018

 

SIN TÍTULO #7

 

Mis ganas de intimar desaparecieron otra vez.

Sé por experiencia que es inútil

salir a buscarlas a estas horas de la noche.

Es miércoles. Pleno junio.

No anda nadie en la calle.

Se dejaron secuestrar por alguien más,

como si yo no les fuera suficiente...

No tan viejo como para estar asqueado

ni demasiado joven para tener miedo.

Vayan a rescatarlas de su locura, les dije a mis manos.

Van a encontrar una llave abajo del trapo de piso

a la entrada de su habitación.

Ya saben cuál.

Abran la puerta y háganle saber

que yo también estoy preso

dentro de este cuerpo.

Díganle esto: lo que lo envuelve es como una manzana

que mordiste y se está pudriendo al sol.

Es hora de volver.

 

 

Leonel Alesis

 

Podés leer más escritos del autor en su blog:

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