crédito: Julián Borrel 

Rumbo Tumba: charango y loops

Facundo Salgado nació en Campana en 1983, es músico y es el creador de Rumbo Tumba. Su música fusiona elementos folklóricos sudamericanos con beats urbanos y sonido digital. Desde que lanzó su proyecto no para de recibir reconocimientos y de recorrer el mundo con sus creaciones. Sus presentaciones de Live Looping son fascinantes. Este jueves 25 presenta en el Centro Cultural Recoleta su nueva producción: Madera Sur.

Entrevista por Leonardo Maldonado

¿Cómo fue tu encuentro con la música?, ¿qué escuchabas de niño, de adolescente?

Mi primer recuerdo con la música es con Queen, lo escuchaba todo el día a partir de los 7 u 8 años. Eso cambió a los 12 o 13, que vino Nirvana, Los Ramones, Nofx y Fun People, y ahí nomás al toque armamos una banda punk con mis amigos con la cual ensayábamos todos los días todo el día. Era nuestra diversión en ese entonces.

¿Cómo te formaste cómo músico?, ¿dónde estudiaste, con quiénes?

Tuve varios intentos de estudiar en más de veinte años que hace que toco, pero fueron hace mucho. Fui con algunos profesores y una vez también probé en una escuela de jazz pero nunca duré más de dos meses. Siempre me aburrió mucho el método de enseñanza. Así que la mayor parte de lo que aprendí fue de tocar con otras personas y de estudiar mucho en casa con google y youtube, tanto de música como de audio, mezcla o grabación.

Contanos tus primeras experiencias en el punk rock y cómo es que de allí te acercaste a lo que hacés ahora.

Como te decía, empezamos a tocar punk en la edad de la escuela secundaria. Campana por esas épocas tenía una gran escena, pasé por muchas bandas de Campana y Zárate durante unos diez años, siempre como bajista. Cuando tenía veinte años me fui de vacaciones dos semanas al Norte y en el camino cambiaron los planes y me quedé como seis meses viajando por Bolivia y Perú, con mi hermano de la vida Matías Barutta, que es quien hace las visuales y toda la parte gráfica de Rumbo Tumba, y bueno, en ese viaje me enamoré de la cultura andina en particular y de la sudamericana en general.

Una vez me contaste que el nombre Rumbo Tumba se lo debés a tu abuelo.

Sí, es algo sobre lo que mi abuelo Celso suele hablar o decirme cada vez que lo veo y nos tomamos un vino: que él está viejo, que disfrute la vida porque vamos rumbo a nuestra tumba, y me pareció algo tan hermoso como simple, no olvidarse que nos estamos muriendo todo el tiempo para disfrutar la vida hoy. Es bastante punk, ¿no?


Cuando te conocí hace ya algunos años y escuché tu segunda producción, Cable a Tierra, sentí un gran impacto. Me fascinó el sonido de tu música, esa fusión entre elementos folklóricos, la música andina con los beats urbanos y el sonido digital. Este pibe es re groso, pensé. Nunca había escuchado algo así. ¿Cómo fue que llegaste a esa fusión?

A esa fusión llegué experimentando. Cuando volví de este viaje que te conté, me vine con charango, zikus, quenas, jembe, parecía un ekeko de todo lo que traía. Quería tocar o probar cosas con lo que había estado escuchando en los Andes, pero los amigos de Campana seguían escuchando y tocando punk, me había vuelto hippie para ellos. Así que tuve que emprender este camino solista, primero puertas adentro, tenía una porta estudio Tascam de 4 canales y casete, así que me encerré unos meses a jugar con los instrumentos. Grabé unos seis temas, era el 2007, pero no lo podía tocar y ahí quedó.

Y cómo continuó.

Vinieron varios años de empezar a tocar música instrumental y experimental, pero siempre dentro del rock. Vinieron las giras por Brasil, hice como diez en un par de años, y entre medio de todo eso buscaba mucho cómo tocar estas otras ideas que tenía en mente hasta que encontré en internet la tecnología que necesitaba para hacer esto en vivo. Me volví loco, empecé a leer manuales, a tratar de estudiar estas máquinas y bueno, le compré mi primer looper muuuuuy barato a un loco que vivía en Londres y venía para Buenos Aires a ver a los padres y a vender cosas e irse así al mundial del 2010. A partir de ahí vino la segunda etapa, seguía puertas para adentro, pero tenía esta tecnología.

¿Cómo fue el proceso de grabación de tu primer disco y en qué se diferencia, si es que se diferencia, de tu última producción?

Se diferencia mucho. Mi primer disco lo grabé y mezclé en mi casa, con una porta estudio Digital, en una semana, improvisando cosas en el momento. Todo muy espontáneo. Tenía el fin de ir con un material grabado a mi primer tour por Brasil en 2012, así que resolví muy rápido. Este último disco tuvo muchas etapas: lo compuse, lo grabé y lo mezclé entero en mi casa para lograr una maqueta que me deje feliz, y una vez que tuve eso fui a un estudio professional a grabar y mezclar absolutamente todo otra vez y así lograr algo mejor aún.

¿Cuándo y cómo fue el primer show de Rumbo Tumba y cómo lo recordás?

Fue el 24 de febrero de 2012. En ese entonces producía muchos shows en Campana y traía bandas del exterior a tocar, porque giraba mucho sobre todo por Brasil. Las bandas eran en general de rock experimental e instrumental, pero un día me llega un mail de un loco de Brasil que hacía Música Popular Brasilera (MPB) que venía de gira a Argentina y le habían pasado mi contacto porque yo armaba shows, que llegaba en dos semanas. No conocía a nadie de otro palo como para armar una fecha de otros estilos musicales, así que dije “salgo con Rumbo Tumba”, que en ese momento no tenía ni nombre ni temas. Fue 95% improvisación. Tocamos en el Centro Cultural Pachamama y en Bar el Bajo de Zárate. Este músico es Luiz Gabriel Lopes, un gran amigo que me dió la música. Hasta hoy seguimos cruzándonos y buscando donde compartir un show, una comida, un vinito.


crédito: Julián Borrel

Haber sido elegido en 2012 como uno de los dos mejores proyectos de Loops en Argentina en el Loop Station World Championship y en 2013 seleccionado como finalista de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires constituyeron sin duda una plataforma para que saltaras a los escenarios internacionales. Dónde fue tu primer show fuera del país y cómo fue esa experiencia.

La verdad que no, el salto a los escenarios internacionales se dio porque yo ya venía girando con otros proyectos y aprendiendo mucho de esto de ser músico profesional independiente. Lo que sí hicieron estos dos acontecimientos en particular fueron darme seguridad para saltar a ser solista. Como te vengo contando, hasta ese entonces Rumbo Tumba siempre era un juego que tenía en casa para tocar sólo las cosas que no podía hacer con mis otros proyectos. Pero grabé mi primer EP Groove Andina, filmé un video tocando un tema en vivo, El Pibe Cóndor, y empezaron a pasar estas cosas y fue un flash.

Cuando uno te ve en vivo concentrado en pleno Live looping, tocando el charango, pisando los pedales, tocando botones... uno tiene la sensación de estar frente al Hombre Orquesta. ¡¿Cómo  hacés?!

(Risas). Simple… ensayo mucho.

Se nota en tus producciones mucha experimentación. Cuando te presentás en vivo, ¿qué lugar le das a la improvisación?

No mucho, mi show en vivo es bastante milimétrico cuando loopeo, después dejo algunas partes para la improvisación con charango en general, pero tampoco tanto. La experimentación me viene más en la etapa de composición, mezclando rítmicas, componiendo con las limitaciones del live looping, y buscando siempre sonidos nuevos con instrumentos autóctonos e híbridos o experimentales y ciertos efectos, pre amplificadores o micrófonos.

¿Qué artistas de Live Looping te gustan o admirás?, ¿fue por ver o conocer a alguno de ellos que formaste Rumbo Tumba?

No escucho gente que haga Live Looping, como te conté esto surgió de no tener gente para armar un proyecto de una música distinta y de seguir insistiendo y probando cosas. No escucho mucha música en general porque si no estoy ensayando estoy grabando, entonces cuando paro me gusta el silencio. Pero cuando escucho vuelvo una y otra vez a Bob Marley, Paco de Lucía, John Frusciante, Jaime Torres y José González.

Hace unos meses en tu facebook, mientras realizabas la gira de presentación de tu nuevo disco en Europa, escribiste un posteo que me resultó muy gracioso. Lo acompañaste de una foto en la que mirabas a cámara con cara de sorpresa y de no poder creer la situación que estabas viviendo. Escribiste que te habían pasado muchas cosas con el público y en las giras pero que nunca te había ocurrido que el público se desnudara y bailara al ritmo de tu música. ¿Cómo fue eso?

(Risas). Sí, fue un flash eso. Fue en Alemania, me acuerdo que estaba pendiente del celular porque ese día jugaba el Viola con River en Formosa, era el segundo año que iba a este festival, empecé a tocar y la gente estaba a pleno bailando todo el tiempo y agitando. El día era perfecto, estaba cayendo el sol, atrás bosques y montañas, hacía calor, y en un momento escucho gritos, cosa no muy fácil porque toco con auriculares que me aíslan bastante, ahí miro al público y había unas 30 personas desnudas, y no era un festival nudista ni estaban todos re puestos. Les pintó esa, y bueno, todo el show de ahí para adelante fue cada vez más arriba. Se empezó a contagiar esto de la desnudez, había muuucha gente, todos bailando y agitando. Terminé el show y tuve que volver treces veces porque pedían otra. Se me acabaron los temas, terminé improvisando… pero cuando volví la última vez, les dije que improvisaba un rato pero que necesitaba sacar una foto de lo que estaba pasando porque no me iban a creer en casa, y de ahí salió “la mejor selfie de mi vida” y claro que fue de los mejores shows de mi carrera, sin duda.


Zugvoegel Festival, Alemania, 2018

¿Pensás que en Europa el público que te escucha puede encontrar cierto exotismo en tu música?

No se hasta qué punto, las músicas del mundo están muy en auge en Europa, siempre se consumieron, y ahora con lo fácil que es acceder a lo que se te ocurra… pero creo que lo exótico es esta mezcla de tecnología e instrumentos, todo tocado en vivo. Eso de estar entremedio de un instrumentista y un productor electrónico lo hace exótico acá también.

Solés hacer presentaciones con grupos y solistas. Estuviste haciendo feats y presentaciones con Villa Diamante, por ejemplo, y pronto se van a Chile. ¿Qué buscás en otro músico, qué te lleva a tocar con otros?

Y está bueno, ya hacía muchos años venía solo… hablando conmigo mismo, está bueno abrirla. Esto surgió porque Villa Diamante hace música para pista de baile y yo no, entonces está bueno porque yo le sumo un poco de raíz a lo que él hace y él pista a lo mío. Básicamente él hace un DJ set y yo improviso arriba con mis instrumentos y máquinas. Es muy divertido.

En tu nuevo trabajo, Madera Sur, a diferencia de los anteriores, creo, desaparecieron los ritmos urbanos como el hip hop por ejemplo y está muy ligado a la naturaleza. ¿Esto es así?, ¿qué identidad le quisiste imprimir a este nuevo disco?

Sí, es verdad, los discos siempre los armo en base a un concepto. Primero pienso unas palabras… una frase… un algo, y ahí empiezo a desarrollar por un par de años. Este lo empecé ni bien terminé Cable Tierra, el EP anterior, de 2015. Flasheé algo así como “madera del sur haciendo eco en el espacio”. Lo escribí y de ahí “pasaron muchas cosas” (¡MMLYQTP!): desde mandar a construir tambores todos de madera hasta la simplificación de esta frase en Madera Sur, que es el nombre del disco. Lo del eco en el espacio venía de un pedal del cual estoy muy enamorado que se llama Space Echo, y la idea inicial era mezclar todos sonidos provenientes de instrumentos de madera fabricados por luthiers específicamente para este proyecto con este Reverb y Delay que es una hermosura y que me lo gané en ese concurso de Live Looping en 2012. Armando la maqueta todo se fue transformando: la textura del sonido de la madera, usar más los vientos, y tener que tocar percusiones reales llevó a que este disco te lleve un poco a la naturaleza. Todos los sonidos que se escuchan provienen de la madera.

Es genial eso.

Me obsesioné, y una vez que tenía el disco entero grabado en mi home estudio empecé a pensar que tenía que sonar mejor aún esto de “La Madera”. Se lo mostré a varios amigos músicos y productores y me decían: “Facu, estás flasheando, esto ya re suena, mezclá, masterizá y chau”. Y yo no me conformé, por lo cual fui a un gran estudio, Camaron Brujo, con un groso llamado Naku Berneri, y empezamos a buscar con muchos micrófonos los sonidos de cada uno de los elementos que formarían parte de este disco. Fue mi primera vez grabando en una sala muy grande, lo cual nos daba la posibilidad de generar reverberaciones naturales con posicionamientos de micrófonos a gran distancia. Una vez que encontramos el sonido que buscábamos, grabé el disco entero otra vez, y desde entonces llevo el apodo de “Rosca Pura”. En medio de todo este proceso, empecé a leer y escuchar lo que Atahualpa Yupanqui decía de la madera y ahí me cerró el concepto de un modo perfecto. Decía: “la guitarra antes de ser instrumento fue un árbol y en él cantaban los pájaros. La madera sabía de música mucho antes de ser instrumento”.


El 25 de octubre presentás Madera Sur en capital. ¿Cuáles son las expectativas?

Estamos trabajando mucho con un grupo de gente porque no sólo se presenta el disco, sino un proyecto audiovisual llamado La Línea del Río que venimos desarrollando hace años con el fotógrafo autor del arte de los discos de Rumbo Tumba, Matías Barutta, un hermano que me dio la vida hace ya más de veinte años. Pero en esta ocasión tendrá muchos condimentos nuevos: habrá una performance de danza durante todo el show, visuales increíbles del delta profundo que incluyen filmaciones hasta con drones que no podés creer que sea el Delta de Campana, que Matías y Maximilian Pauly, un cineasta alemán que se sumó al proyecto, vienen trabajando, y todo estará ambientado para recrear el Delta del Río Paraná en la Sala Villa Villa del Centro Cultural Recoleta, que es en la que se hace Fuerza Bruta, así que es increíble poder llevar lo que venimos haciendo con mi hermano de la vida a este espacio. La apertura está a cargo de Pol Nada y va a cerrar Villa Diamante con un set para bailar un rato. La entrada es gratuita y ATP así que esperamos que se ponga lindo.

#Facundo Salgado #Rumbo Tumba