Mónica Cabrera: Protocolo Carcajadas

Nació en 1958, se formó con Alejandra Boero y tiene una importante trayectoria en el teatro independiente. Este sábado 24 a las 21 hs se presenta en el Teatro La Rosa de Campana con su última creación: Protocolo Cabrera, un unipersonal de humor político sobre la actualidad argentina. 

Entrevista por Leonardo Maldonado

¿Cómo fue tu contacto con la actuación, cuándo supiste que querías ser actriz?

Empecé en la adolescencia, una actividad en la escuela, yo iba al Carlos Pellegrini, y cuando terminé el secundario, en el 76,  fui a estudiar con Alejandra Boero. Fue lo único que estudié formalmente. Los chicos que nos daban clases, que lo hacían en varios secundarios, eran alumnos de ella y me sugirieron que estudiara con ella. Empecé a dar clases en su estudio en el 79.

Más allá de estos talleres, ¿hubo alguna obra de teatro que te marcó en tu adolescencia o que te llevó a estudiar teatro?

No. Era de ver mucho cine, una o dos películas por día, y de leer mucho. Después de que empecé a tomar clases de teatro comencé a ir a ver teatro. En la compañía en la que estaba decían “hay tal obra” y entonces íbamos. Nunca había ido al teatro sino al cine.

¿Cómo fue que entraste a trabajar en la televisión?

Al año de entrar a la escuela de Alejandra, empecé a trabajar en el teatro independiente, en distintas salas, y en el 88 empecé a dar clases. Vivía exclusivamente de eso, de las clases y de mi trabajo en el teatro. Hará unos diez años, en el 2008 o 2009, me llamaron para hacer una novela en la televisión. Entré a la tele porque me vinieron a buscar, pero toda mi actividad fue en el teatro independiente, no en el teatro comercial. En la tele hice novelas o unitarios. Generalmente me dan el mismo personaje, de mucama, de ama de llaves… y tengo que lograr hacerlos de distinta manera para no caer en el estereotipo. Es una industria, los productores van a lo seguro, no buscan experimentar. Sí hice mucho cine, me convocaron para varias películas. Ahora está todo muy parado.

¿Cómo fue que empezaste a realizar unipersonales?

Siempre trabajé con mucha gente. Actuaba, dirigía, hacía la escenografía, el vestuario, todo. Y es cansador. En el 2000 resolví no hacer todo. Es como hacer una construcción muy compleja. Y entonces empecé a hacer estos espectáculos que no son de stand-up ni de improvisación sino una obra de teatro que tiene un sentido, un estilo, una cohesión. En estas obras hay distintos personajes y así he configurado los últimos unipersonales. Hice también en estos diez años otros espectáculos donde hay otra actriz o dos o tres actores, o que sólo escribí y dirigí.

En El sistema de la víctima interpretaste a varios personajes y en general trabajás con muchos personajes femeninos, muy distintos entre sí. Me parece que tenés una influencia de Niní Marshall, o que trabajás en esa línea.

Seguramente que Niní Marshall es una maestra que a todas las actrices que en algún momento trabajamos comedias o hacemos humor te influye absolutamente. Creo que es como tener un modelo imperecedero. Es un gran aliento saber que hay como una maestra que te marca un sendero. En estos unipersonales he homenajeado, o he tratado de rescatar, el estilo de actuación nacional. Tratar de no copiar el humor norteamericano o el italiano. Tenemos una gran tradición de actuación nacional. Esto no significa que uno no tome la influencia de afuera. Tengo gran influencia de la actuación europea, la norteamericana, y la rusa, por los maestros. Pero he tratado de ser inteligente y ver si podía comprender cómo es una actriz nacional.


La crisis del 2001, ¿fue un disparador para el humor político que hacés, un humor de crítica social?

No, fue una cuestión personal. La idea fue tomar el humor como una herramienta para acercarme a lo popular, para que al teatro fueran aquellos que no estaban acostumbrados, no solamente para la élite que ya va. La crisis lo que ha hecho en mí, ha sido obstaculizarme, impedirme, me ha frustrado, llenado de amargura. Seguramente en la crisis uno intenta cosas. Creo que si el país hubiera sido más viable económicamente, si no lo hubieran robado, si no fuéramos como un botín de guerra que siempre se nos suben piratas, hubiera sido más feliz y más creativa, hubiera podido dirigir ópera. Dediqué muchas horas del día a tratar de sobrevivir. Tengo una extracción de gente muy pobre. Todo lo que me ha hado el subdesarrollo, la crisis, el saqueo, el imperio, es dolor y sufrimiento. Me las ingenié y me puse a hacer bromas sobre algunas cosas que no sabía o no podía detener. Por eso no me puse a gobernar. Es como cuando viene un hombre y nos acuchilla: sé que me acuchilló, sé que no pude evitarlo porque era muy fuerte, pero no sé curarme y sobreviví de milagro. Esta es nuestra cultura nacional: hemos sido apuñalados y nos han robado sangre durante siglos y vamos sobreviviendo.

En tus espectáculos hay muchas canciones, tango, diversos registros. Esto lo hacés por lo que me decías antes de la tradición de la actriz popular o porque te gusta personalmente.

La música me gusta tanto como el teatro, y el teatro tanto como la literatura. Va todo junto. La música va con el relato. Y está relacionado con el estilo de actuación nacional, claro.


En Youtube empezaste a hacer estos videos fabulosos con el personaje La señora que lo votó, que son muy divertidos, hilarantes, y tuvieron mucha repercusión.

Cuando aparecieron las redes me pareció algo fabuloso. Para mí era como tener la luz y el transporte gratis. Por otro lado creo que la luz, el agua y el transporte público deberían ser gratuitos. Empecé a hacer videos de Navidad, de cosas de los políticos que me caían mal. Y para las últimas elecciones, que votaron a alguien que iba a vender el país, que nos iba a expulsar del país, me desesperé, me angustié. Yo no soy peronista, no tengo ese sentimiento del peronismo sino un análisis crítico, y entonces empecé a reírme de eso. Es como si tuviera cáncer y empezara a hacer videos de cómo pierdo el pelo. Fue la desesperación por no enfermarme: veía cómo entraban a mi casa y se iban llevando todo metafóricamente siendo mi casa mi país y nuestra riqueza y nuestro futuro lo que se robaban. Creo que les hizo bien a muchas personas que estaban angustiadas. Es eso: no estamos solos, pensamos lo mismo. Estamos en prisión y vamos a hacer chistes de presos.

Esta es una pregunta que se le ha hecho y se hace a todos los humoristas, muy remanida. Pero a partir de lo que conversamos me gustaría saber cuáles son, en tu caso, los límites del humor.

El límite lo tiene uno mismo. En una obra que hice en 2009, The victory to la Madrecita, a la Madrecita la matan en la calle en el año 71, la ametrallan de un auto, y mientras agoniza canta una canción y hace una broma. Uno hace humor de lo que uno se ríe. Si se me ocurre y lo escribo es porque me da risa. Pasa con el humor negro. ¡Mirá qué bestia lo que dijo pero al mismo tiempo me río!

Uno de los episodios de La señora que lo votó que me parece particularmente delirante es el que habla por teléfono con la hija, que encima milita en La Cámpora, y mientras tanto escucha a Cristina en el Senado y como se dirige a Gabriela Michetti como Señora Presidenta, se confunde y piensa que Cristina volvió a la presidencia. No entiende nada, está muy confundida, representa la antipolítica.

Son los votantes que dicen cosas terribles, que los van a volver a votar para que no vuelva Cristina. Y gente que consiguió la jubilación como ama de casa, pagó la moratoria, y que está en contra. Hay gente que está en contra de las vacunas, de los remedios que les daban. La penetración ideológica  y el lavado de cerebro han sido al nivel de una secta. ¿Cómo Jim Jones los mató en una isla?, ¿cómo los convenció para que tomaran veneno y se suicidaran? A La señora que lo votó no le tengo bronca, me da pena, la veo desesperada, no sabe qué hacer, quiere que vuelva Cristina y que sea presidenta desde la cárcel de la parte de los remedios y de la jubilación. Mucha gente tiene ese problema, no entiende nada de verdad. Los que tienen odio y son racistas, con ellos no me meto, es gente capaz de todo. A esa gente le tengo miedo. No a la gente desesperada a la que estafaron.

El personaje fue muy exitoso y llegó a Crónica TV, al programa de Rosario Lufrano.

A Rosario, una amiga le mostró los videos, le gustó, y me propuso hacer una columnita con uno o dos personajes por día. Estuve un mes porque la estructura del programa, que era más periodístico, vertiginoso, no toleraba el humor. Los productores no sabían cómo integrarlo. Lo lamenté.


Sin duda el título de tu último espectáculo alude a Patricia Bullrich, a su doctrina antipiquetes, antiprotesta.

Si yo no soy el monstruo, el monstruo me va comer, entonces me voy a poner de gendarme. Muchas veces pensé que si me disfrazara de policía podría ir a las marchas, pero en algún momento se van a dar cuenta que estoy del lado equivocado. La palabra protocolo tiene que ver con ponerle un nombre piripipí a estas cosas incorrectas e ilegales que hacen. Es una palabra que se usa mucho en medicina, pero a veces se la usa para el mal.

¿Con qué se encuentran los espectadores en Protocolo Cabrera?, ¿cómo describirías el espectáculo?

Son 8 personajes. Está Angelo Mascarpone, un empresario paradigmático, hay una enfermera que relaciono con la desidia del sistema de salud y su comercialización. Hay un personaje que parece ser Lilita Carrió… yo no hago una imitación sino que me inspiro en estos personajes que tienen tanto descaro, tanto desparpajo, y que hace como si fuera Gloria Swanson y es una estafadora. También hago una senadora que habla sobre la pobreza desde el Senado remedando las sesiones del Senado, los tips, los gestos de los congresistas. Hay un personaje que es una enferma que entra a una institución en donde se supone que la van a curar. También está la misma creadora, que está como estafando al espectador porque no tiene ganas de escribir ni de ensayar ni de hacer el espectáculo. La señora que lo votó trata que el presidente la atienda por teléfono. Y La República que le habla al soberano, al pueblo. Con esos 8 personajes hago una parábola, hay un pensamiento sobre qué es la patria, quiénes somos nosotros, y también un diagnóstico: no somos idiotas, vemos lo que hacen con la educación, con la salud, con la dignidad. Es un humor político. Tenemos que hablar de esto.

Tu humor es muy delirante, tiene mucha ironía, sarcasmo, crítica social.

Me parece que es una forma de salir del molde donde a uno le tiene que gustar trabajar diez horas, a uno le tiene que gustar pasarla mal, trabajar en lo que no nos gusta, a uno le tiene que gustar tener muchas cosas, no ser distinto. Una de las formas del pensamiento crítico es sacar al espectador de las vías del tren por donde va. Cómo sacarlo del canal de televisión que dice “la ruta del dinero K”. Entrando en el absurdo, en lo desopilante, se puede hacer reflexionar. De repente venía caminado lo más bien y de golpe estoy en el piso, ¿qué pasó? Hasta el que se cae se ríe, por el cambio abrupto e inesperado en nuestro andarivel, de que está todo bajo control. Hay que romper el lenguaje, deconstruirlo, transformarlo en otra cosa como hacen ellos para nuestro sometimiento. Titular Protocolo Cabrera, ponerte un casco, ser un gendarme y formar parte de tu enemigo.

Por lo que hacés supongo que pensás al teatro como un modo de resistencia.

Sí, pienso que el teatro es un lugar de resistencia y de pensamiento. Mientras estamos escondidos debajo de la cama, estamos viendo cómo salir de abajo de la cama. No vamos a salir ahora porque están con tanques. La resistencia es también reflexionar cómo vamos a hacer, cómo metí la pata, esto no lo tengo que volver a hacer… aunque estoy guardada no estoy sola. Si no se ha volteado este gobierno es para mantener la democracia. Es como si mataran a mi hija y yo saliera y matara a los que la mataron. No lo voy a hacer porque me transformo en el asesino. Es lo que dijo Dujovne: que con la terrible devaluación que estaban haciendo era la primera vez que en este país no caía el gobierno. Él lo dice orgulloso porque es un monstruo, no pertenece a nuestra misma especie. Es evidentemente el enemigo. Es esto: yo maté a toda la familia de los indios y la nenita que sobrevive me sigue diciendo papá. Esa es gente que no es de nuestra especie. Es un ejército invasor y no les interesamos.

#Mónica Cabrera #teatro Campana