créditos fotografías: Samanta DAmario 

Casanova: transformismo y humor

Hernán Casanova nació en Campana en 1975. Se formó como bailarín clásico y se volcó al café concert y al humor. Es el único transformista de la ciudad. Este domingo vuelve a presentar en Campana el musical que dirige, Frankenstein.

Entrevista por Leonardo Maldonado

¿Cuándo te diste cuenta que querías ser actor?

Desde chiquito, jugando frente al espejo, pero no me daba cuenta de que era un género teatral. Hacía imitaciones de Valeria Lynch, de Pimpinella. En el pasillo de la casa de mi abuela le actuaba y le bailaba a ella, así arranqué. Tenía unos 5 años. Y en la primaria, en la escuela 8, actuaba en todos los actos escolares. Era figureti. Estudiar no, pero actuar y bailar sí, todo el tiempo.

Sos bailarín. ¿Cómo fue tu formación?

A los 11 empecé a estudiar folklore y tango y me recibí a los 15, y en paralelo hice la carrera de clásico y español y me recibí a los 18. Empecé folklore con Silvia Cirigliano, en Campana. Mis primeros pasos los hice con Nilda Cabellero, ¡quién no!, y terminé clásico con Liliana Corio. Y desde los 17 hasta los 20 estudié la carrera de bailarín clásico en el Teatro Colón. No terminé, me faltó un año. Me recibí en el instituto Weber, que después pasó a llamarse Maridelfa Orlandi, en Zárate. Y cuando me matriculé formé el Casanova Arte Studio. En nuestro estudio los alumnos rinden acá, no dependen de otro instituto. Vienen los profesores de capital a tomarles los exámenes, y se reciben de la carrera que estudian con nosotros, por ejemplo del profesorado de danzas folklóricas y argentinas, de tap, de danza clásica, española, instructorado de reggeton. También tenemos un instructorado en comedia musical pero no profesorado porque no existe profesorado en comedia musical.


Cómo pasaste del área de la danza clásica al mundo del  cabaret.

Me fui al under. Esto sucedió porque empecé a trabajar con un transformista muy conocido que venía de Brasil, Pablo Rey. Venía de un complejo turístico de Camboriú que había cerrado, Mario Jauss, donde había trabajado durante varias temporadas con mucho éxito, y nos convocaron para formar parte del cuerpo de baile.  Estuvimos en el teatro Variedades Concert, en la calle Corrientes, que ahora está cerrado. La producción de ese espectáculo se portó muy mal, no llegó a pagarnos. Y este transformista me dio todo el material y me dijo: hacé lo que quieras. Y ahí dije: esto es lo mío. Me puse las pelucas y los tacos y pasé de ser bailarín a transformista. De esto hace como 15 años.

¿Ya habías hecho espectáculos de humor acá en Campana?

No, todavía no. Desde la danza, sí. Tenía mi escuela de danza, Nuevos Sentimientos, que empezamos cerca del 2000. Entonces era solamente de folklore y de tango. En la semana, de día, funcionaba como escuela de danza y los fines de semana por la noche como Café Concert. Y hace 10 años formamos la escuela actual.

Cuando eras adolescente, ¿tenías el deseo de ser bailarín clásico?

Quería. Pero lleva mucho tiempo y dedicación. Dedicación desde la alimentación hasta tus pasatiempos... Y yo era noctámbulo, re vampiro, me gustaba la noche... gracias a Dios que elegí este rubro, me va genial, hoy puedo tener mi estudio.

Vivís de esto.

No sé si vivo de esto. La paso bien y es mi pasión. Te diría que vivo de las animaciones, de los eventos, de la temporada de verano que gracias a Dios nos va bárbaro. El Casanova Arte Studio es mi cable a tierra.

¿Cómo surgió tu necesidad de expresarte a través del humor?

En la secundaria. Imitaba a los profesores. No me burlaba sino que reparaba en algunos gestos, los copiaba. Y mis compañeros se reían. Acá hay algo interesante para descubrir, me decía. Mi primer show de humor fue Aloca2, en 2003, en un salón de la UOM, usé todo el material que me había dado Pablo Rey. Me presenté como transformista. Imaginate que para Campana fue re transgresor. Fue un exitazo, como una revolución. Fue heavy, interesante.


¿Sufriste algún tipo de prejuicio, te costó generar público en la ciudad?

No, nunca sufrí ningún tipo de prejuicio ni de discriminación. Siempre fui transgresor. Por ahí en la primaria la asistente social la citaba a mi mamá porque creía que tenía problemitas (risas). Ya de más grande en las fiestas del Boat Club todos querían saber qué pollera se ponía Casanova para el 24 de diciembre o el 31, eso lo sabe todo el mundo. Y el público se fue formando solo, rápido. Fue así: después del show de la UOM me tiran la idea de hacer el concert, que al principio pensé ponerle Casanova Under, y funcionó 11 años consecutivos, viernes y sábados a las 23 horas.

¿Qué te llevó a hacer este tipo de espectáculos?

Yo creo que para conocerme más, para descubrirme más, y lograr romper un hielo acá en Campana. Me gusta transgredir las normas. Te diría que hasta hoy soy el único transformista de la zona norte. En Campana soy el único, ahora hay uno en Zárate que está empezando. Hoy hay más movida cultural que hace veinte años, por suerte. Mucha más diversidad, en todo sentido.

¿Tuviste algunos referentes del transformismo?

Sí. La Wons, por ejemplo. Gustavo Wons, que es un gran imitador de Moria Casán. También Eduardo Solá, que pertenecía al grupo Caviar. Hubo una época en que viajaba a capital a ver muchos espectáculos. Iba a ver mucho espectáculo under. Y a muchos boliches donde los transformistas hacían sus shows. Te hablo de Telenit, de Bunker, que ahora es Amerika, de Gas Oil. Ahora en los boliches se usa mucho el stand-up, que no me gusta, no lo haría, y las drag queens. Hoy están de moda las drag queens con barba, pero no me copa. Igual lo que ellas hacen es más onda performance, una actuación de cinco minutos.

Tenés un humor muy zarpado.

Sí, no me importa nada. No tengo filtro. Igual depende de la audiencia, me voy fijando, tanteo. No es lo mismo hacer un boliche a la madrugada que un cumpleaños más familiar.

El sexo es un tema que está muy presente en tus presentaciones y espectáculos. Es interesante cómo funciona el humor de los transformistas. No sucede lo mismo con las mujeres que se trasvisten de hombres. No hay, o son pocas, o no generan humor. 

Sí, es verdad. ¿Viste que hay como mucho morbo, no? Hay hombres que tienen relaciones sexuales con hombres vestidos de mujer y tenés mujeres que tienen como un morbo de convertir al hombre que no se acuesta con mujeres. Sería mejor que ellas no lo intenten porque no van a tener éxito. Hay como un morbo, y yo juego con eso, me encanta.

¿Tenés algún límite para hacer humor?

No, ninguno. Me río de todo. Pero me río con la gente, no de la gente. Jorge Corona, por ejemplo, se ríe de la gente. Eso no me gusta. De lo que no hablo es de política y de religión, desde siempre. Me parece que cada uno tiene derecho a tener la creencia que quiera y gustarle un partido político u otro.


¿Como te definís: como actor o como transformista?

Como humorista. Como un actor humorista. Canto, actúo, hago imitaciones. Más que imitaciones son ridiculizaciones de ciertos personajes, hice a Mirtha Legrand, a Lía Crucet.

¿Tenés personajes fijos?

No, voy cambiando. Muchos surgen a partir de las canciones que escenificamos. Me gusta usar la música popular, Valeria Lynch, los Pimpinella, Estela Raval.

También te ocupás de hacer el vestuario, la escenografía.

Antes hacía todo, pero desde hace unos años estoy delegando. Antes cosía mi mamá, pero se cansó. Ahora tenemos costureras, una asistente. Esto me permite enfocarme sólo en la obra, en pensar los cuadros, los monólogos. En la costa volanteaba en la calle para que la gente fuera al teatro, ahora ya no tanto, sí camino por la calle y me saco fotos.

¿Qué lugar le das a la improvisación en tus espectáculos?

Mucho. Todas las noches surge algo nuevo, distinto. Hay una base: están la introducción, los cuadros, las coreografías, pero siempre le incorporo algo nuevo.

Muchos nombres de tus espectáculos están relacionados con la actualidad, como Casanova mundialísimo, por el Mundial 2018, o hacen referencias a la tele, como Tu risa me suena (2014), por el programa Tu cara me suena, o la revista porteña, como Bravísimo (2010). ¿Cómo trabajás la diferencia entre el concert y la revista?

Me gusta trabajar con ese tipo de referencias y hacer guiños. Lo que tiene el concert es que es más íntimo, la gente te mira mientras toma algo. En la revista tenés más despliegue, más glamour. Están el cuerpo de baile, los cuadros, el mago, la vedette. Me encanta la revista. Por ahí no tenemos las escaleras (risas) pero nos arreglamos.

De modo paralelo seguís con las realizaciones de animaciones, los eventos, los boliches.

Sí, desde siempre. Me contratan para casamientos, cumpleaños, fiestas de quince, divorcios. Una vez me pasó que una pareja me contrató para el casamiento, y como se separaron me contrataron para el divorcio. Y después, escuchá, se casaron sus ex parejas (risas), se cruzaron las parejas, ¿se entiende?, y me volvieron a contratar. Todo esto más o menos en un año. Te cuento otra anécdota divertida. Una vez me pasó, a mí solo me pasan estas cosas, que un chico me llamó porque quería contratarme para que animara los últimos días del padre. Él me hablaba y yo lloraba. El hombre estaba enfermo, sabía que se iba a morir, y quería despedirse de manera divertida con una fiesta (risas). La hizo en lo que en ese momento era el salón Galas, a lo grande. El hijo me dijo que sería como una animación prevelatorio (risas). Estuvo buenísmo, fui, la pasamos genial, el hombre se re divirtió. La fiesta fue un viernes, o un sábado, y el lunes o martes el tipo se murió. Y los hijos me alcanzaron el video para que lo viera. El padre había dejado la orden de que me alcanzaran la filmación. Yo miraba el video y lloraba y los hijos se cagaban de risa. La tenían re clara.


Este verano volvés a presentar una obra en San Bernardo, será tu décima temporada. ¿Cómo fue que te consolidaste en esa plaza teatral?

La primera vez que fuimos nos estafaron. Todo lo que nos prometieron no estaba. Pero por suerte nos ayudó un productor, que ahora somos socios, y nos apoyó y logró que pudiéramos hacer la obra, nos ofreció un espacio. Viene mucho público, toda la familia, tenemos entradas populares. No te miento, pero hay personas que han venido diez veces a ver la obra. Ya tenemos como un público fijo. Este año debutamos el 28 de diciembre y nos quedamos hasta el 5 de marzo. Y después, como lo venimos haciendo, presentamos el espectáculo acá en Campana, en Zárate, en Escobar, en Ramallo, en Luján.

Acabás de presentar el musical Frankenstein y este domingo vuelven a hacer dos funciones.

Era un musical que hace muchos años tenía ganas de hacer. Adquirimos los derechos. Me contacté con los responsables y no tuvieron problema. La letra es de Kiti Lovera y la música es de Gabriel Goldman. Es un espectáculo maravilloso, muy emotivo. Tenemos un vestuario espectacular, se me ocurrió poner una pecera en el escenario... costó pero lo hicimos. La puesta de luces es magnífica. En capital se llamó Frankenstein, el musical de un alma perdida. Nosotros le cambiamos el slogan: Frankenstein, no estarás solo. Estoy muy feliz con el resultado. El final es muy emotivo, traigan pañuelos.


Los intérpretes que participan son del Taller Municipal de Comedia Musical.

Sí. Y lo hacen porque sienten pasión. Imaginate que cada uno se costea su propio vestuario. Algunos trajes costaron entre 8 mil y 9 mil pesos, y los de los protagonistas, no te miento, bastante más. Yo invertí mucho en la escenografía. Ya te digo, a mí me gusta hacer lo que me apasiona. Y pensá que todo es para siete u ocho funciones. Pero la vale la pena, estamos todos muy contentos. Ya hicimos varios musicales: El jorobado de Notre Dame, tres veces Chicago, Shrek el año pasado.  

La producción de un musical es muy compleja.

Te cuento cómo hacemos. Usamos pistas grabadas. Los costos técnicos de la comedia musical son muy elevados. Imaginate que son 50 personas en escena, es muy costoso que cada uno tenga micrófono incorporado, ¿cómo hacés para alquilarle a cada uno un micrófono? Sé que hay muchos que piensan que está mal hacer playback: les mando un besito. Si Lali Espósito hace playback está bien y si lo hace Casanova está mal, ¿cómo es?

¿Cuándo empezaste a dictar el Taller en el municipio?

Desde cuando estaba Stella Giroldi, y ahora desde hace un año estoy en planta permanente. Viene mucha gente, algunos por ahí están un mes y se van, o luego vuelven, otros se lo toman muy en serio y llegan 15 minutos antes a la clase. Son dos veces por semana tres horas.

¿Escribiste una comedia musical, te gustaría escribir una?

No, es muy engorroso, muy complejo.

¿Qué es más difícil: cantar, bailar, o actuar?

Las tres cosas. Justamente la comedia musical es muy difícil de hacer porque reúne a estas tres disciplinas.

 

 

 

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