producción fotográfica: Alexis Maldonado 

Ruben: cronista full time

Rubén Carneiro, a quienes todos llaman Ruben, nació en Campana en 1947. Si bien es sociólogo, ejerce el periodismo desde fines de los sesenta. Conversar con él nos ayuda a reconstruir y a pensar gran parte de la historia de los medios de comunicación en la zona. Participó de La Difusora, creó un diario durante la dictadura, trabajó en Radio Nuclear, fue uno de los pilares de Teledelta Zárate, e impulsó la carrera de Comunicación Social en Campana. Desde el 2007, su productora es la responsable de la señal local de Cablevisión. Por su trabajo, y a lo largo de todos estos años, Ruben se ha ganado un merecido lugar: es “el” cronista de Campana.

Entrevista por Leonardo Maldonado

¿Cómo te interesaste en el ejercicio del periodismo?

Yo no comencé en el periodismo, a nivel universitario, sino en Sociología, en la UBA.  Pero ya en el secundario participaba mucho del Centro de Estudiantes y en todos los actos era el animador, el locutor. Así me fui interesando. Y mientras estudiaba en la universidad conseguí trabajo en La Difusora de Campana, que el propietario era Ismael Garzón. Laburaba desde las 9 hasta la una de la tarde, conducía un programa de radio, y a las 3 viajaba en tren a capital, que era un suplicio, a estudiar. Entré en la facultad en el 68.

Qué año para ingresar.

Sí, pero después fueron peores. Hice un trimestre y levantaron la carrera. No había donde seguirla, había que ir a La Plata pero no se sabía si la iban a cerrar allá también. Así que pasé a la Universidad de Belgrano y me recibí ahí, como tenía este laburito podía pagarla. Con la suerte de que tuve los mismos profesores que en la UBA porque se fueron todos a las universidades privadas. Había pocos y no había dónde trabajar. Así que en Belgrano cayeron profesores marxistas, leninistas, peronistas, de izquierda (risas). Casi que tuve la misma posibilidad  de hacer la misma carrera que ofrecía el Estado en una universidad privada. Además estaba Avelino Porto a la cabeza, el dueño de la universidad, que era peronista. Hoy tiene un programa en Metro, ya es un hombre grande. En el 73, 74 estuve rindiendo mis últimos finales de la licenciatura.

¿Qué es La Difusora Campana? Nunca escuché de ella, qué es.

Siempre les cuento la historia a los chicos cuando voy a dar charlas a las escuelas. Y les digo, esto es anecdótico, que soy transversal a todos los sistemas y medios de comunicación que hay (risas): empezamos con U-matic, pasamos por el vhs, el súper-vhs, el minidv y ahora usamos la tarjeta HD. La Difusora era una radio por cable. En todas las casas había un parlantito y la radio llegaba hasta ahí por un cable. Había en los negocios del centro, en la Real. Garzón también tenía una disquería, Shinky, en Rivadavia 111, ahora avenida Rocca, y atrás tenía la radio. Él colocaba el parlantecito y cobraba una cuota mensual por ese servicio de radio. Tenía programación todo el día: información y música, como si fuera una AM o una FM de ahora. Yo conducía un magazine a la mañana. Tenía 20 años. Y en el 74 aparece en Zárate Radio Nuclear. Eran tres dueños, el de Campana es Peruzco, que fue perseguido por la Triple A. Todavía muchos siguen creyendo que acá no hubo censura en las radios, que sólo censuraban las radios nacionales, pero no es así, acá hubo una censura terrible. Había un plan meditado de tomas de radio para hacer una cadena de radios, esto en el gobierno reaccionario de la derecha peronista, de López Rega. Tenían un plan para quedarse con Radio Nuclear y por eso los rajan a los dueños. Yo conducía el noticiero. Había una edición de noticias cada hora. Trabajábamos con tres agencias de noticias, como Noticias Argentinas y France Presse, que nos pasaban la información por teletipo y nosotros leíamos los cables. Vimos cuando se llevaron encañonados a los propietarios de la radio. Los sacaron de la radio, no la querían dejar. Los metieron presos y los soltaron al tiempo.


En una charla en el Instituto 15 de Campana

¿Cómo fue ejercer el periodismo en Zárate y en Campana durante la dictadura?

Fue muy bravo, bravísimo. La dictadura termina con ese proyecto de la red de radios. Era una de Bahía Blanca, una de La Plata, una de Campana y otra de Rosario. La idea era hacer una cadena. Radio Nuclear llegaba hasta capital, era muy escuchada, muy importante. Fue la primera AM de la zona norte, de un cuarto de kilowatt con equipo potente. Teníamos retornos por aire cuando íbamos al autódromo, por ejemplo, para hacer notas. La dictadura interviene la radio y cae en poder de Prefectura. Todos los gobiernos de la zona norte se los entregaron a prefectos: Escobar, Campana, Zárate, Baradero. Los intendentes eran prefectos, Amor en Campana y Villalba en Zárate. Yo estaba en la planta y seguí trabajando. Pero había directivas expresas. Nos dijeron: “a partir de este momento, todo lo que salga al aire tiene que pasar por la oficina del prefecto”. El tipo leía todo antes de que saliera al aire, era censura previa. No podíamos  hacer nada, teníamos que laburar. Ahora nos pagaba el Estado, el día 5, en sobres, no había cajeros automáticos.

¿Tuviste que leer alguno de los Comunicados de la Junta?

No. No se leían los comunicados. Se leían por Radio Nacional. Sí leíamos comunicados de Prefectura.

De qué tipo.

Salga a la calle con documentos, porque si no tiene documentos el Estado piensa que usted es un subversivo. Un espanto. Muchas veces lo suavizábamos, no decíamos subversivo, y si el tipo se daba cuenta nos llamaba y nos cagaba a pedos. Fue duro. En esa época la música llegaba en cassettes. Las discográficas mandaban el material para promoción en cajas grandes. El prefecto chequeaba cada cassette. Agarraba y decía: Guaraní, ¡no!, y lo tiraba a un tacho de basura. Serrat, lo mismo. Mercedes Sosa, igual. Nosotros nos queríamos morir. Había un listado pegado en la radio de los cantantes que se podían pasar. A los que tenía más rabia rompía las cintas, y a los otros los tiraba al cesto. Y nosotros íbamos y lo recuperábamos, o la chica que limpiaba, para escucharlos nosotros: Silvio Rodríguez, la Trova Cubana, los mejores autores. Todavía tengo algunos en casa.

¿Cambió el tipo de información que se daba en la radio cuando se instaló la dictadura?

Sí, cambió mucho. Porque tenías información oficial y sabías que estaban pasando cosas pero no había información ni la podías decir. Yo llegaba de la facultad a la una de la mañana y veía que pasaban tres camiones del área 400 o que estaban concentrados en un lugar y te dabas cuenta que algo estaba pasando, pero no podías hacer nada. Era peligrosísimo, si decías algo te caían al otro día en tu casa. Cuando se inauguró el puente Zárate Brazo Largo vino Videla y se hizo la transmisión en vivo. Ellos trajeron conductores, los equipos, nosotros no participamos. Durante la dictadura, con Miguel Di Fino, Mario Elis y José Abel Perdomo inventamos un programa que se llamaba “El buen vecino”. Escondíamos quejas detrás del buen vecino, íbamos a los barrios y les decíamos a los vecinos que nos dijeran lo que precisaban, en tono suave. Yo conducía desde el piso y Miguel hacía el móvil por teléfono. La gente decía “esta calle no la arreglan desde hace 5 años”, esos reclamos. Esto fue entre el 78 y el 80. La radio era permanentemente escuchada en las oficinas de Prefectura de Zárate, nosotros lo sabíamos, había que tener mucho cuidado. Había un control terrible. Y te cuento algo muy poco conocido. En esa época fundamos un diario en Zárate: El sol. Fue el primer diario en offset, una vieja offset, que salió acá en la zona. Éramos socios con Mario Elis y José Abel Perdomo, también trabajaba Miguel Di Fino. Un año duró, del 79 al 80. Todos los días teníamos un tipo de traje y corbata en la puerta del diario. Nos vigilaba, controlaba quién entraba y quién salía. Lo fundamos porque nos parecía que faltaba un diario que opinara de otra manera, no que fuera la opinión de la municipalidad o del gobierno de la provincia, del oficialismo. Criticamos algunas cosas de la dictadura, lo que se podía, algunas críticas a la economía. Tuvimos presiones, no conseguíamos publicidad, nos taparon las deudas, tuvimos que cerrar. Durante el 76, el 77 fue muy dura, muy brava la persecución.

Sin embargo en Campana durante mucho tiempo hubo un imaginario sociocultural de que acá no pasaba nada, que la ciudad era como una isla, que quedaba afuera del terrorismo de Estado. Esto lo deconstruyó Di Fino con sus libros de historia local.

Imaginate que yo estudiaba sociología, teníamos materias sobre marxismo, teoría sociológica. En mi casa yo tenía El Capital, los libros de Engels. Yo terminé la facultad en el 74 y en el 76 hice una bolsa con todos los libros que yo sabía que para ellos eran subversivos y los tiré en el patio de mi casa. Hice un pozo y los enterré ahí junto con una escopeta vieja de mi abuelo que usaban para cazar. Barrimos todo el patio y pusimos todo en el pozo.

Qué fuerte.

Hace 2 o 3 meses le contaba a mi hija y le decía: sabés que ahí abajo de esa loza está este libro, aquel otro. Y el otro día me dijo que estuvo hablando con las compañeras de la escuela, tienen que rendir Historia, y que querían hacer un pozo y recuperar los libros. Sabés lo que debe ser eso, le dije, debajo de la loza, ni se molesten. Mirá vos las cosas…

¿Tuviste miedo de ejercer el periodismo en ese momento?

Sí, tuve miedo. Tenías que cuidarte.

¿Participaste de alguna militancia política?

En la facultad, que a pesar de ser privada estaba bastante politizada, después cambió. En la Universidad de Belgrano había una extensión de la APR, la Alianza Popular Revolucionaria. Y yo militaba en la APR estudiantil. Después en los 80 milité en el PI (Partido Intransigente), con Miguel y Abel, pero sólo un tiempo.


Dos generaciones de periodistas. Ruben narra su trabajo y experiencia.


Mi atenta escucha. Preguntas. Conversación.

Cuando llega la democracia se crea Teledelta.

Sí. En el 83 se crea el proyecto de Teledelta. La radio se licita y esta empresa estaba interesada. Se presentan varias empresas, entre ellas Teledelta, que tenía un socio de Zárate, y pierden la licitación. Tenían mucha guita, tenían fondos para poner una gran radio pero la gana otra empresa. Y entonces empiezan a trabajar en la posibilidad de traer la televisión por cable. Y entonces crean Teledelta Zárate. Cablearon toda Zárate. Uno de los socios que trabajaba conmigo en la radio en la parte técnica me llama para que trabajara en el canal. Y así me incorporé al staff. El canal local sale al aire por primera vez el 18 de septiembre de 1984. El noticiero central era de 8 a 9, y de 9 a 10 iba un programa de deportes. El central lo conducía Graciela Garzón, que si lee esta nota se le van a caer las lágrimas, y yo el de deportes.

Imagino que habrá sido fuerte esa experiencia. Por un lado era pasar de la radio a la televisión, y por otro, Teledelta fue un boom.

Sí. En realidad entramos a trabajar a fines del 83. Estuvimos varios meses preparándonos. No sabíamos nada de televisión. No sabíamos pararnos frente a una cámara. Fuimos todos a practicar, no sabíamos editar, no sabíamos nada. Grabábamos presentaciones de noticias, salíamos a hacer notas con los camarógrafos, que tampoco sabían manejarlas. Aprendimos a usar micrófonos. Hacíamos copetes, notas, informes, para practicar. Cada uno se formaba en su rol. Fue una experiencia hermosísima, de aprendizaje. Estábamos entusiasmados, todo el día adentro del canal, en la calle Moreno. Y en el 85 los dueños extendieron el cableado a Campana. Se llamó Canal 3 Teledelta, y el noticiero Teledelta Noticias, por supuesto (risas), cómo se iba a llamar. Y ahí empecé a cubrir todo Campana, por la mañana y tarde, y a la media tarde lo llevábamos a Zárate, se editaba, y salía la información de las dos ciudades en un mismo noticiero. El noticiero era en vivo. Al principio era por una micro onda, salía de Zárate y la recepcionaban en Campana, en la oficina de la Jean Jaures, y luego tiraron un cable de Campana a Zárate. Fue un éxito impresionante, una novedad. Y una cosa de locos lo que pasaba con la gente. Trabajábamos mucho, incluso sábados y domingos.

¿Por qué se separaron y quedó un canal en Zárate y otro en Campana?, ¿fue por una cuestión comercial?

Esto fue en el 2007. No, no fue por una cuestión comercial. Fue producto de la necesidad de la gente. Los abonados se quejaban: los de Zárate decían que se pasaba más información de Campana y los de Campana que se pasaba más de Zárate. Se armaban unos quilombos bárbaros, la gente llamaba y decía “me voy a borrar”. Y los dueños no soportaban más la presión de la gente y decidieron desdoblar. En la calle nos decían eso, nos cuestionaban: por qué pasan más información de Zárate que de Campana. Y nosotros les decíamos que se los dijeran a los dueños.

¿Cómo es que llega a ser Cablevisión?

En la época menemista los cables locales pasaban a las grandes cadenas porque estas venían y les ofrecían a los dueños 12 millones de dólares por un canal chiquito. Los dueños agarraban viaje y se iban con la guita, qué se yo, a un paraíso fiscal (risas). VCC (Video Cable Comunicación),  que era la cadena de televisión más importante del país, compra Teledelta. Pero luego VCC es absorbida por Cablevisión. Esto en el 98, 99. Cablevisión era una cadena más chica que VCC pero atrás tenía al monstruo de Clarín. Y después Néstor Kirchner acepta la fusión Cablevisión y Multicanal. Y ahí en 2007, de Cablevisión nos ofrecieron la posibilidad de hacernos responsables de la señal de Campana. Con Walter Sánchez ya teníamos una productora, hacíamos contenidos. Y en marzo de 2007 nos dijeron que querían que en 30 días funcionara el nuevo canal. Aceptamos la propuesta enseguida. En Zárate se lo dieron a otra empresa y quedaron bien separados los dos canales. Y entonces armamos este canal, que funcionamos hasta ahora. Ya habíamos alquilado este local. Hicimos el revestimiento, pegamos las alfombras en el estudio, trabajamos mucho.

Y se sustentan a partir de las suscripciones.

No, exclusivamente de la publicidad y de la venta de espacios. No tenemos nada que ver con los abonados. No tenemos acceso a Cablevisión. Nosotros le entregamos la señal a Cablevisión, que hoy tiene 20 mil abonados, pero no tenemos nada que ver con los abonados.


¿Cómo fue la inversión en el estudio y la cuestión de la tecnología?

Empezamos con dos cámaras y un micrófono. Nos fuimos equipando. Nos metimos en un plan de la Fiat para comprar un móvil. Al local lo alquilamos. Y nos fuimos adaptando con la ayuda de Cablevisión. Incorporamos la tecnología HD, por ejemplo. Compramos las computadoras para editar. Y así fuimos armando el canal, todo de a poco. De todos modos, el noticiero es lo que más se ve, tiene muchas repercusiones.

Sin duda, desde que está Teledelta sos “el” periodista de Campana, “el cronista” de la ciudad. Todos se comunican con vos para que les hagas notas, cubrís todo tipo de eventos, desde las sesiones del Concejo Deliberante y las marchas de las maestras de Suteba hasta los aniversarios de los ex combatientes de Malvinas y los actos de la UOM, por decir algunos casos.

Me encanta cubrir notas. Me gusta más la calle que conducir el noticiero en el piso. La calle tiene adrenalina, hay de todo. A uno le solucionaste el problema, ponele que le taparon un pozo en una calle, y te quiere pagar un asado. Y te encontrás con uno al que le hacen un allanamiento y te quiere cagar a trompadas.

¿Cómo entendés el ejercicio del periodismo y cuál es la línea editorial del canal?

Así como te dije que atravesé todas las tecnologías desde que trabajo, el periodismo también cambió mucho. Al principio era más de vocación. Era menos mercantilista el periodismo de aquella época. Hay medios que cobran por hacer una nota, las famosas notas compradas. Nosotros no hacemos eso. Lo que hacemos es darle voz a la gente, a los reclamos. Yo al periodismo lo entiendo como un servicio para la comunidad. La línea editorial es siempre la misma: la participación de la gente. Hay dos informaciones que nosotros no damos: los suicidios, a no ser que sea de interés público y general, y las amenazas de bomba porque el objetivo es tener a la población expectante, en tensión, asustada, y provoca que otros hagan lo mismo. Pasó mucho en la escuela Normal, en los 90, hubo muchas amenazas de bomba.

¿Cuentan con pauta oficial?

Sí, siempre la tuvimos. Es una obligación del gobierno. Ellos además tienen que dar a conocer las obras que hacen.

¿Cómo es la rutina de trabajo diario del noticiero?

Empezamos tipo 9 de la mañana, vemos qué información nos llega, qué hay. Hoy, con la gente que más información produce tengo comunicación por whatsapp: políticos, policía, policía federal, el municipio. Son las llamadas fuentes habituales. Todos te mandan información. La Justicia te manda información a regañadientes. La gente te llama por los accidentes, los que hacen marchas para que las cubras. Es un trabajo de todo el día, nos quedamos hasta tarde. Este es nuestro hogar (risas). 

A lo largo de todos estos años de trabajo en el noticiero, ¿han tenido que corregir alguna información que han dado?

Sí, nos ha pasado. Pero pocas veces porque siempre constatamos, siempre chequeamos. Tenemos mucho cuidado. Pero por lo general, no. De hecho me pasa de hacer notas y yo le digo a la persona que voy a publicarla si después de chequear veo que la información que me da es real. Me pasó hace poco que vino una persona a decirnos que habían violado a su hija. Es muy delicado, tenés que chequear y ver si es cierto.

Es notable el esfuerzo que realizan para la cobertura de las elecciones municipales.

Todas las elecciones las hemos cubierto con emisiones especiales. Estuvimos en todos los locales de los partidos políticos. Es más costoso, alquilamos cámara, equipamiento, incorporamos personal para ese día. También hacemos en directo la Apertura de sesiones del Concejo Deliberante y la asunción de autoridades.


¿Trabajaste alguna vez como sociólogo?

Seis meses. En el Ministerio de Bienestar Social de la Nación, frente a Plaza de Mayo. Era cuando estaba estudiando, haciendo prácticas, cuando empezaba el quilombo de López Rega. Y después en la oficina de Planeamiento y Estadística acá en el municipio de Campana pero no por mucho tiempo. Ya trabajaba como periodista, no tenía tiempo. Ya cobraba, tenía mi sueldo. Cuando me llamaron de Teledelta discutí mi sueldo, nos pagaban por abonos.

¿Cómo por abonos?

La empresa recién empezaba y tenía, ponele, mil abonados, entonces te decían: a vos te vamos a pagar 20 abonos. Lo que valía cada abono era lo que te pagaban. Esto pasó solamente durante dos años. Era para que la empresa no perdiera y vos tuvieras tu sueldo. Después cambió, nosotros le pedíamos más abonos. Vos les pedías 40 y a la empresa no le gustaba mucho. Después ya sí nos pagaron sueldo fijo. Ganábamos bien, era el 1 a 1, fue el esplendor de la expansión del cable. Todo el mundo tenía cable y muchos querían trabajar en el cable, nos llegaban currículums todos los días.

En el 2014 se cumplieron 10 años del dictado de la carrera de Comunicación Social en Campana en el Instituto 15, y la directora, María Isabel Fernández, me contó que vos junto con Miguel Di Fino y José Abel Perdomo fueron los impulsores, y entonces yo propuse realizarles un reconocimiento y todos mis compañeros estuvieron de acuerdo. ¿Cómo surgió la idea de traer la carrera a la ciudad?, ¿cómo fue la historia?

Veíamos que cada pibe que quería estudiar periodismo se tenía que ir a capital,  o viajar, y es caro. Y empezamos a pensar si podíamos traer la Licenciatura en Periodismo. En el primer año del kirchnerismo empezamos a hacer gestiones con Jorge Varela, en la provincia estaba Felipe Solá, empezamos a hacer gestiones. Pero todos los años presentábamos las carpetas, lo veníamos haciendo desde el año 99. Le hacíamos firmar petitorios a personalidades de la política y de la cultura de Campana. ¡Hasta el Obispo firmó una vez el petitorio! (risas). El Obispo Rey, que no sabía nada, pero fuimos a hablar y lo convencimos. Pero no pasaba nada. Hasta que un día de la Provincia nos dijeron que se abría la carrera, pero sabían tan poco de Educación estos muchachos de la Provincia, que la mandaron al Instituto Técnico 182 de Zárate, que por suerte teníamos un amigo que lo dirigía. Me llamó y me dijo que había llegado una carpeta, que ahí estaba mi firma, que se abría una carrera, pero “esto no es para este instituto”, me dijo, “esto es más para Humanidades”. Entonces fuimos a la Universidad de Luján para ver si les interesaba pero ellos no querían abrir más carreras. Y entonces nos conectamos con María Isabel y a ella le interesó inmediatamente y se reunió con el director del 182 y ahí ya arreglaron ellos. Pero cuando llevamos la primera carpeta a La Plata nos sacaron a patadas.


Diplomas reconocimiento de la carrera de Comunicación Social a José, Miguel y Ruben en el ISFDyT 15, 2004.

El año pasado recibiste el premio Santa Clara de Asís junto con Rodolfo Barili y Hugo Alconada Mon. Contanos cómo fue eso.

Fue una propuesta de la Liga de Madres de la catedral Santa Florentina, me pidieron un currículum para presentarlo a Caritas Nacional para que lo tuvieran en cuenta para este premio. Y bueno, al tiempo me llamaron y me dijeron que iba a estar con otras 7 propuestas de esta región del Obispado. Y de esos 7 al final me eligieron a mí. Yo lo miraba a Alconada Mon, lo tenía al lado, y me decía: ¿qué hacés acá vos? (risas). También nos entregaron dos premios CADUCEO: mejor noticiero de la provincia de Buenos Aires en 2011 y al mejor programa político en 2016.


¿Cuál considerás que es “la nota” de tu vida?

Fue en el 87, durante el alzamiento de Semana Santa, en el gobierno de Alfonsín. Ernesto Alais llega de Monte Casero a Campana por la ruta 12 y se instala en Copiapó, en Zárate, y lo primero que hace es venir al Tolueno, que todavía estaba Fabricaciones Militares, y se reúne con el intendente Calixto Dellepiane, la UOM, el intendente de Zárate, que era Aldo Arrighi, y nosotros. No éramos más de diez. A nosotros nos avisaron de la UOM para que fuéramos. Ya se había producido el alzamiento de Rico en Campo de Mayo. Y no se sabía bien a qué venía Alais, se suponía que venía a reprimir a Rico. Y cuando entramos al Tolueno, a la reunión, nos ordenan que bajáramos la cámara, “esto no es para grabar”, pero nos dicen que nos quedemos porque nos van a dar información. Y el camarógrafo, de diez, de oro, baja la cámara pero no la apaga, y Calixto le dice a Alais: “Yo no sé qué están haciendo acá, no quiero que los tanques pasen por Campana” y Alais le dice que se quede tranquilo porque “nosotros vamos a Campo de Mayo, y caiga quien caiga pasaremos por sobre todos ellos para que haya orden en todo el país”. Pero en ningún momento habla de salvaguardar la democracia.  Llevamos el tape al canal, lo pasamos y ahí fue una explosión. Lo pasó la televisión estatal. Así que era el alzamiento de Rico allá y el despelote de todos los medios que vienen para Zárate para ver de qué se trataba. Me llamaron de medios de todo el país, desde Tierra del Fuego a Salta, para que les diéramos información, para saber qué pasaba. Hicimos 4 o 5 notas con Alais, desde el viernes que fue el alzamiento hasta el domingo en que Alfonsín se reúne con Rico el domingo y dice “la casa está en orden y Felices Pascuas”. Creo que es la nota más importante que hice, tuvo mucha trascendencia. Todos los medios levantaban nuestra nota. Me llamaba Mauro Viale y me decía “Rubencito querido”, como si me conociera de toda la vida, y me preguntaba qué estaba pasando en el Tolueno. Una vez me llamó Alais y me dijo: vengan que les vamos a mostrar el armamento que tenemos, nos mostraba la misilística, supongo que para asustar a Rico. Nosotros no nos movíamos de la puerta, hacíamos 24 horas de guardia en Copiapó y en el Tolueno. Los canales de Buenos Aires mandaban motos para llevarse copias de los cassettes. En esa época eran U-matic.

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