fotografía: Lucas "El Chino" Solano 

Varcasia: la reivindicación del barroco

Emanuel Varcasia nación en 1991, y además de bailarín de folklore y de ser uno de los creadores de Teluria (entrevistados ya en este sitio), es escritor. Estudia el profesorado de Lengua y Literatura en el Instituto 116 de Campana. Comenzó a escribir zambas y chacareras a los 12 o 13 años y aforismos a los 17, cuando descubrió a Nietzsche. En 2014 editó Jetalingüística: el sentido de la polisemia, pero luego quemó los ejemplares; consideró que esos textos escritos en dos meses "abusaban del absurdo" y eran "muy posmodernos". La escritura de Varcasia es barroca. Pero no se trata del barroco entendido como mero ornamento. En los retruécanos, por ejemplo, importa siempre la idea. Palabras raras, o que se usaron en un tiempo lejano y perdido, o de uso infrecuente, pueblan su prosa y su lírica, de difícil lectura (el barroco siempre es difícil de leer). Hay una marcada insurrección en su escritura: si el apotegma es una sentencia firme que deja una enseñanza y el aforismo una brevísima sentencia que se propone como regla en el arte o en la ciencia, Varcasia crea sus desaforismos y sus zoofismas. No es propio de esta época plantear verdades absolutas. Su reivindicación del barroco no le impide ser un escritor moderno: hay una continua pregunta por el hecho literario. A continuación publicamos tres de sus bellos y potentes escritos líricos.

 

CREADOR DESTRIPADO

Hacia el caos que transcurre en tu pupila extiendo mi carpo con fuego y mi punto de albor; la niña del tercer ojo baila sola como esta pluma viva que acarrea designios a su libertad, y aunque la penumbra de su letanía jorobe los claveles y capture en su ópalo al perfume que condecora la salvajada, su danza remendará la corona de alambres que acurruca el corazón de este demiurgo trasnochado entre las carcajadas impersonales y la inquietud de un laberinto neblinoso. Pero mi grito desclava sarcófagos y desarrienda turbiones en cuanto los pájaros me traen el clamor de unas rodillas ancladas a la cera y al moco que se le confunden en la liturgia de su pequeñez. La galaxia también es una constelación, y las estrellas, rescoldos pacientes de un enigma roto, guían por su luz, no por su latitud en el azur de la cúpula trampeada. Quien sueña nunca pelea por pelear, y sin embargo pelea todo el tiempo. Calabozos y dragones atormentan mi intimidad de mago, y soy el títere y la acrobacia de un pensamiento mano larga, una gotera en la inercia, una medibacha abandonada sobre un cepo sin aliento, un eco de grillo rebotando en el paladar de la mazmorra, un chispazo en la inmediatez del vacío que separa las vidas, el silencio del grano al viento, de la escama al óxido, del arte al polvo…

 

GRAMARACHNE

Violinista epiléptica
Que destripa la telaraña constelada,
Cazadora de los vértigos cuya fuerza
Traspapela los designios en la tormenta mercurial,
En la maraña convulsa del sortilegio y la amalgama.
Atrapada en un caleidoscopio, exhuma fantasmas,
Descorre vapores, y crucifica perpetuidades
Con las estacas de un silogismo visceral.
Paseando por la urdimbre,
Trastoca las hilachas,
Agita sus cuchillas,
Ensaya un epitafio,
Y se entreteje al arpegio cósmico,
Encarnada a la persuasión de las flautas
Que aletean en la trampera azul hasta la resignación.

 

ZOOFISMAS


No hay tiempo para decir todo lo que pensamos porque hay tiempo para pensarlo: la literatura es una lentejuela solar.

Tengo, como ustedes, la potestad suficiente para aprobar designios ajenos; y me respalda esta fuerza tendiente a la desaprobación de todos.

La apoteosis de toda razón es una máscara que se fragiliza por confiar en la verosimilitud de la próxima.

Si las rosas se regalan sin espinas, sin espinas se regalan las rosas.

Cada mito es una prueba irrefutable de la imposibilidad de mentirnos.

Ser estrella requiere ignorar la constelación monótona que algún matemático trazó con la frustración de su magia inválida: la posición de toda luz, es irrelevancia de moralina.

El barroco es más que la sobrestimación del ornamento, es el ornamento de la sobrestimación (y he aquí un retruécano asimétrico).

La muerte dice que la luz es tiempo para todo aquel que niega su propia carne encarnizadamente. Pero no hace nada al respecto, salvo ser.

Ser poeta sin riesgos filosóficos es como ser guerrero sin exponer lo amado a la hora de justificar nuestros odios.

Toda calesita taladra lento.

Toda huella es tan profunda como accidental.

El hecho de encontrar una flor intacta en el estropicio, reafirma el estropicio.

El amor es un axioma que grita mientras lo desmembramos para su aplicación universal.

Nacemos llorando y morimos en paz; vida y muerte, alba y ocaso… ¿Qué otro silencio puede existir si no es la pregunta por la transición entre estas antinomias invertidas?

¡Me retuerce que se promueva la trampa de que existe una pasión libre de retorcimientos cuando lo apropiado sería despojar a dichos retorcimientos de su típico estigma moral!

No debemos preocuparnos porque la eternidad sea la ausencia total de totalidades, total le decimos totalidad.

Menos lenguaje que un semáforo, pero con el poder suficiente como para estancarte la vida.

Perdonar es humano, ignorar es divino.

Al mediodía seré mi sombra, créanla extinta igual…

Quizá, inmediatamente después de la voluntad (que no es más que una disposición ante el azar, una forma de nadar) está la ilusión de la elección. Pero justamente por eso, actuar es tan imprescindible como saber nadar.

El panfleto fleta al pan y Santa Frígida al final fue falsa Frida.

Cuando el fin justifica los medios es deseo, pero cuando el deseo justifica los medios, es el fin.

Tinta, vino y sangre se entreveran en el diluvio hirviente de la poesía.

Al “más allá del bien y el mal”, le faltó el suspiro de la indiferencia.

Duplico mi moral para pintar nuevos cielos.

El cielo es parte de la naturaleza. Lo que pasa es que en la modernidad y/o contemporaneidad, encontrar naturaleza es encontrar el Cielo.

Una cúpula de estrellas ensancha el olvido mágico en que se sustenta toda esta catalaxia.

Metalepsis: mezcla de mitomanía con megalomanía.

Posmodernidad: eterno presente de lo idéntico.

La astrología es demasiado aduladora, y me cae bien, pero no me fascina la especificidad del horóscopo porque con dicha fascinación se asume no haberse expuesto uno lo suficiente como para ser predecible y también se asume cierta pasividad que quita mérito a nuestras voliciones… ¡Cómo si el azar ya no fuera suficiente!

Un pasado sin errores no es utopía, es anorexia.

El único superpoder real es el protagonismo.

Miro el océano y veo la cólera infructuosa de quien no logra hacerse de un lenguaje.

La desbandada siempre es más comunicativa.

Matemática básica: todo lo que censa siempre censura.

Un poema es un vértigo pausado cuya lógica, ahora extinta, llamábamos gravedad.

Primer síntoma del poeta: comprender que la gravedad es más huida que atracción.

Toda sentencia que quiera sobrevivir a la extinción de este lenguaje, deberá terminar con un martillazo contundente o chupando de golpe la luz que había obsequiado.

¿La palabra mata al nominar y da vida al resignificar?, ¿o da vida al nominar y mata al resignificar?

Edipo también nos recuerda la incomunicación con nuestros padres, en una época en la cual la teúrgia era cosa de todos los días y, sin embargo, la respuesta que el hombre buscaba era el hombre y la respuesta de Edipo fue Edipo.

La sintaxis es a la semántica lo que el can al perro: una sinonimia moribunda en la exactitud a la que tiende todo sustantivo.

Toda idealidad no es más que una referencia.

Todos los cortejos son cómicos y hasta más íntimos y silenciados que el sexo mismo (acá también cabe agregar como ejemplo el cortejo autoral).

No hay ficción posible en la penumbra.

El arte perdió su religiosidad y, reducido al mero entretenimiento, se convirtió prácticamente en religión.

La literatura es siempre una huida que paulatinamente se convierte en periplo.

Música es el vestigio de agua que quedó en el cuenco de Diógenes cuando este ya se había disuelto en el horizonte del río.

El universo está inapetente porque acabo de pisar otra flor.

Nuestros infiernos están superpoblados por todos los espermatozoides que vencimos.

El pan de ayer no puede partirse: la pobreza es rica en soledad.

Ni el agua más cristalina deja entrever el regocijo morboso que la carnada nunca llega a confesar.

Moderno es no identificar los presagios en un mar de distracción indispensable.

La filosofía muere disuelta en la amplitud del espectro que contiene sus incumbencias, como si fuera un Narciso frente a la sudestada.

Es indecoroso hablar del “Fin del Mundo” pretendiendo que quien oiga se limite a un “dónde” o a un “cuándo” de forma excluyente.

Un poeta enamorado es obsoleto si se lo compara con un poetastro cuya conciencia de su propia nulidad artística le despierta cierto gusto por la muerte.

Toda negación de la realidad desemboca, naturalmente, en fundamentos negativos que sacrifican la esperanza en pos de una ilusión a su vez parecida a dicha esperanza. Son los fervientes cupleteros de “la realidad aparente”… ¡Como si la realidad quisiera y/o pudiera enmascararse más allá de las guirnaldas que nosotros mismos tendemos entre sus orejas!

Mil pelotones no han logrado igualar la cadencia del contragolpe de una mujer furibunda, pero sí la de una ninfómana resentida.

Primermundo es aquel que se anticipa en “estereotipar”… en estereotiparnos.

Un mundo de tecnócratas y autómatas pidiéndole más estrellas fugaces a las estrellas fugaces…

Piensan muy bien en “su futuro”: envejecer de golpe y morir prematuramente por exponerse a entornos insalubres a cambio de un salario jugoso no me parecía un buen plan, pero justamente por ese sadismo que los caracteriza es, para ustedes, el plan perfecto.

Para ser “el Príncipe de este mundo”, también hay que ser hijo del dueño.

La psicología empezó a fracasar en cuanto asumió la honorable labor de sanar a través de la autognosis… Todo Sócrates termina inundado en la cicuta de su propio devenir que, a su vez, fue, es, y será su primera certeza.

Milenios de elucubración psicológica no han hecho otra cosa más que renombrar al alma con el epíteto de “inconsciente”.

El insulto es la palabra en su más alta probabilidad de vida propia, una interjección ya madurada que se crío en el impulso más puro, como hacen los mitos.

Las sangrías son riveras del cielo.

“Camino por las praderas desiertas y sacralizo la esbeltez matinal que atribuyo a su profundo y confortable silencio. Pero de repente siento la irrefrenable necesidad de soltar un pedo.”: Linda parábola para ilustrar la encrucijada permanente de toda filosofía.

La increíble unanimidad de todos los discursos que propugnan su aporte cognitivo fundamentando su propia veracidad (mitos, descubrimientos científicos, conclusiones metafísicas, etc.) es tan clara y aterradoramente específica, que al hablar de La Verdad para negar o afirmar su irrelevante existencia, nos olvidamos para siempre la cuestión de su viabilidad y los límites obvios de nuestras incumbencias especulativas, físicas y sentimentales.

La vida es una pregunta que en su afán de ser correspondida nos distrae con su propio volumen, y por eso la desesperación es fundamentalmente espíritu.

Es finge.

 

 

 

 

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