Filmar el verano 2: Torre Nilsson

Piel de verano (Leopoldo Torre Nilsson, 1961)

por Leonardo Maldonado

A partir de un cuento de Beatriz Guido, Convalecencia, Leopoldo Torre Nilsson crea un drama intimista y perturbador en el que critica a la aristocracia porteña y explora inquietantes vínculos sexuales. Una bella y joven muchacha de la alta burguesía venida a menos, Marcela (Graciela Borges) descansa –y se aburre– en un caserón de Punta del Este. La llegada de su abuela Jou-Jou (Franca Boni) le cambia estos días apacibles. La mujer le propone un pacto atroz: que pase el resto de verano con Martín (Alfredo Alcón), hijo de Alberto, su pareja, a cambio de una estadía en París durante un año y una colección de vestidos Dior. Marcela y Martín se conocen desde hace años. Él siempre ha estado enamorado de ella y ella nunca lo ha querido, lo desprecia. Jou-Jou le dice que Martín ha sido diagnosticado con una extraña enfermedad incurable y que no llegará con vida al otoño. Y le recuerda que Alberto es quien paga la casa en la que ahora descansa. Jou-Jou sabe que no necesita poner a prueba la ética de su nieta: “Nunca me importó su vida, menos me va a importar su muerte”, responde Marcela cuando acepta el trato.

¿Cómo filma Torre Nilsson los encuentros de la pareja? No se saludan con un beso la primera vez que se ven. A él le molesta que ella lo vea usando un bastón. Al día siguiente de su llegada, Martín la ve en malla, mojada, en el living de la casa. Y a la noche juegan a la canasta. Él siempre se muestra amable y ella guarda distancia. A medida que pasan los días, Marcela se relaja. Almuerzan juntos, pasean, ríen. La tensión sexual se espesa. A Marcela la perturba, por un lado, la relación que une a Adela y a Marcos, los empleados que acompañan a Martín y que velan por su salud; y por otro, que Adela esté interesada sexualmente en Martín. En un atardecer en la playa, Marcela descubre en el cuerpo de Martín las cicatrices de las operaciones a las que fue sometido: las acaricia. Él se conmueve. Torre Nilsson filma los cuerpos muy cerca de la lente, en primeros planos, y al ras de la arena. Y musicaliza su encuentro, para recordar al espectador la paga del trato, con Á Paris, inmortalizada por Yves Montand.



¿Cómo filma Torre Nilsson el verano? Lo primero que muestra el realizador de Marcela son sus piernas. Está en la cama, no concilia el sueño, un mosquito la molesta. No se cambia para recibir a su abuela, lo hace en combinación. Va y viene en malla. Entera y de dos piezas, claras y oscuras. Nada en la pileta y se refresca en el mar. El calor obliga a Jou-Jou a meterse en la piscina: “Parecés una bañista de Mack Sennett”, ironiza Marcela. En la playa, con la luz fuerte del día, Martín se quita la camisa y ella le descubre las cicatrices en la espalda. En la playa, con la luz tenue del atardecer, pasean abrazados mientras el viento les vuela los cabellos. En el paseo a la isla Gorriti se besan apasionadamente entre los árboles.


La puesta en escena tiene claras influencias del reciente cine moderno, en especial el de Antonioni y el de Bergman. Hay largos silencios, un hilo narrativo mínimo y un sondeo particular de las relaciones vinculares. Torre Nilsson sabe cómo generar climas tortuosos cuando indaga el alma femenina. ¿No está Marcela enamorándose del hombre que siempre detestó?, ¿por qué parece mentirle en la cantidad de novios que tuvo?, ¿por qué la perturban las relaciones sexuales de los criados?, ¿por qué juega a aparentar ser un mujer desinhibida sexualmente? Jou-Jou es una mujer desinhibida sexualmente; de hecho está activa en la arena del deseo. Mientras Martín es un hombre condenado a muerte que muere de deseo por Marcela, ella está condenada a una vida en la que el deseo, todo tipo de deseo, está ausente.


Cuando llega el otoño, Marcela no sabe quién es. ¿Es esa mujer que ha sido amada en la arena o es la mujer que quiere que el pacto se cumpla a rajatablas? No tiene consuelo en la playa fría y desierta. Está perdida. Pero no como antes sino de otra manera. De una en la que no puede reconocerse, de una que le es extraña, ajena. ¿Se ha prostituido?, ¿ha sido una empleada de Alberto y de su abuela?, ¿sueña aún con irse a París? En el final, Torre Nilsson no hace sino afirmar lo que ha venido sosteniendo a lo largo del film: la extrema vulnerabilidad del alma humana. No hay otro film en el que Graciela Borges y Alfredo Alcón luzcan más bellos.


Ficha técnica: Piel de verano (Leopoldo Torre Nilsson, 1961). País de producción: Argentina. Intérpretes: Graciela Borges, Alfredo Alcón, Franca Boni, Juan Jones, Luciana Possamay. Duración: 90 minutos. Blanco y negro.

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