10%: usina de vedettes

por Leonardo Maldonado

Hace unos meses Netflix Argentina incorporó a su programación una cautivante serie francesa: 10%, que en los países de habla inglesa se la rebautizó como Call my agent! (¡Llama a mi agente!). En medio de tantos policiales en los que un investigador inestable emocionalmente tiene que averiguar quién es el macabro asesino serial de un pequeño pueblito, esta comedia de humor ácido y que combina “realidad” y ficción se presenta como un especie de oasis en medio de tanta sangre y de tanta vuelta de tuerca conocida y previsible. Consta, hasta ahora, de tres temporadas de seis capítulos cada una. Se trata de una creación de Fanny Herrero que en Francia fue trasmitida por France 2 entre 2015 y 2018. Los primeros dos capítulos fueron dirigidos por Cédric Klapisch.

Mathias (Thibault de Montalembert), Andréa (Camille Cottin), Gabriel (Grégory Montel) y Arlette (Liliane Rovère) son cuatro representantes artísticos de la agencia de talentos ASK que quedan a la deriva luego de la muerte de su patrón y fundador legendario de la empresa, Samuel Kerr. Lidian con las más rutilantes estrellas francesas no sólo en lo que atiene a sus carreras profesionales (contratos, cláusulas, agenda, festivales, fotoproducciones) sino también a cuestiones personales: los ayudan a solucionar desde problemas financieros a amorosos y los socorren en apuros de toda índole. Estos agentes viven (y se desviven) las 24 horas de sus días para sus actores y la agencia.


Gabriel, Mathias, Andréa y Arlette

La serie muestra que las relaciones entre un agente y un artista son extremadamente complejas y delicadas. Hay crisis de nervios, reproches, adulaciones, mentiras, pequeños y grandes engaños, trampas. Los agentes deben complacer a sus vedettes, a las que forman y malcrían. Y todo lo hacen por ese 10% que les queda de los suculentos contratos que negocian con la industria. Es un mundo caótico, desestabilizador, agotador. Un loquero divertido. La comedia deja en claro que los actores son trabajadores, que a veces no tienen muchas opciones para elegir personajes y directores, y que hacen lo que pueden en una industria golpeada por el mainstream hollywoodense.

La relación de los agentes hacia sus representados oscila entre la admiración, el temor y la complicidad. Mathias es inescrupuloso y trepador, Andréa es impulsiva y aguerrida, Gabriel es protector y sensible, y Arlette, la vieja del grupo que tiene un perro faldero que lleva el nombre de un astro galo de los años treinta, se mueve como pez en el agua en un ambiente que conoce desde que es joven. Deben lidiar con la competencia, la poderosa Star Média, que quiere aprovecharse de la situación y robarle unas cuantas estrellas.

Cada uno de ellos cuenta con un asistente, que al igual que sus jefes dejan la vida por su trabajo y son capaces de todo, como por ejemplo de entrar a Wikipedia y modificar la edad de una actriz (bajarla), o de ingresar a AlloCiné para exagerar las bondades de una película de una star a la que representan. Ellos son Hervé (extrañamente afeminado, aniñado), Noémie (enamorada secretamente de Mathias) y Camille (la joven provinciana que descubre su talento para representar a la estrellas). También está Sofía, la telefonista de la recepción, que estudia actuación y desea que alguno de sus patrones la represente y le consiga algún casting para empezar a trabajar en la industria. Cada uno juega y hace lo que puede con el pequeño poder que tiene dentro de la empresa.


Sofia, Camille, Hervé y Noémie

El gancho de la serie, y lo que la vuelve formidable, es que en cada capítulo participa una verdadera estrella francesa que se interpreta a sí misma. Participan desde las legendarias hasta las mediáticas. Se trata, obviamente, de una representación: de la creación de un verosímil. A veces hay datos “reales” y otras no. Por ejemplo, Virginie Effira y Ramzy juegan a ser pareja, pero no lo son en la vida real. Los realizadores juegan con la verdadera rivalidad que enfrentó durante décadas a Line Renaud y Françoise Fabian, pero la atribuye a un dato ficticio –¡es hermoso y divertida verlas cantar juntas una de las más conocidas canciones de Charles Trenet! Cuando Julie Gayet y Joey Starr ruedan un film de época se palpa entre ellos una tensión sexual que termina convirtiéndose en una relación –no se hace alusión alguna a que ella es pareja del ex presidente François Hollande. Juliette Binoche termina utilizando en el escenario del festival de Cannes un vestido que no le gusta porque el smoking Armani que deseaba lo lucirá una estrella asiática, patrocinada por el principal auspiciante del evento.

Hay bromas sobre las cremas antiarrugas de Catherine Deneuve, el mal humor del director Maurice Pialat, y el peso ingobernable de Gérard Depardieu. Poco importa que François Berléand sepa o no nadar en la vida real.  Guy Marchand, que tiene 80 años, no ha sufrido un acv en la vida real. Es improbable que el Youtuber Norman Thavauld no sepa conducir. Aunque el espectador no conociera a ninguna de las estrellas francesas que iluminan la pantalla chica, puede perfectamente disfrutar –justamente por el verosímil que crea– de esta comedia disparatada.


Line Renaud y Françoise Fabian cantan a Trenet


Julie Gayet y Joey Starr en el set

Las estrellas francesas juegan a autoironizarse, a burlarse y a reírse de ellas mismas. ¿Importa saber si Nathalie Baye y Laura Smet, madre e hija, se llevan horriblemente mal en la vida real? El cantante Julien Doré le propone a la cadena de televisión France 2 realizar un musical erótico de estética pop; Fabrice Luchini logra tener una cita con una rubia que le gusta gracias a Andréa; y Audrey Fleurot firma un contrato confidencial para acompañar a un multimillonario ruso y saldar así una de las deudas que la aquejan. Es más que probable que Isabelle Huppert tenga una agenda de rodaje apretada que le provoque una crisis de nervios. ¿Es Christopher Lambert un levanta-minas incurable?

Cuando el verosímil que se crea para la estrella se absurdiza, como ocurre dos veces, en los capítulos que se presentan Jean Dujardin (se convierte en el personaje que encarnó) y Monica Belluci (trata de lidiar entre una femme fatale y una mujer normal), se quiebra esa especie de equilibrio que implica la creación de una personalidad para el famoso que pueda ser creíble para el espectador y la trama pierde, y el humor no funciona tanto. François Cluzet (mencionado como uno de los representados) rechazó participar de un capítulo de la tercera temporada porque se negó a interpretar a una estrella “caprichosa y vehemente”, que ese personaje creado para él no tenía absolutamente nada que ver con su personalidad. Los guionistas y los productores lo lamentaron. No entendió el juego, Cluzet.


El glamour de Juliette Binoche


Cécile de France quiere trabajar con Tarantino

La serie (que no es original de Netflix aunque así sea presentada en la plataforma) se burla de los directores intelectuales, de los guionistas que se creen innovadores, del lado chic y glamoroso de las estrellas, y de lo que estas son capaces de hacer para, por ejemplo, conseguir un papel en Hollywood (Cécile de France) o para ser rechazada en un casting (Hervé le aconseja a Laura Smet que se bardotee, es decir, que actúe como Brigitte Bardot, es decir, que sea muy pretenciosa para resultarle insoportable a la jefa de casting).

A lo largo de las temporadas se hacen referencias y bromas con varios astros franceses: Gérard Depardieu, Vanessa Paradis, Louis Garrel, Léa Seydoux, Catherine Deneuve, Guillaume Canet. ¿Aparecerá alguno de ellos en la confirmada (y esperada) cuarta temporada?, ¿hará algún cameo alguna estrella norteamericana?, ¿comprará algún productor yanqui los derechos para hacer una remake en Estados Unidos?


Julien Doré filma un musical erótico pop


Guy Marchand tiene problemas para recordar sus líneas


Isabelle Huppert al borde de una crisis nerviosa

Mientras las estrellas desfilan capítulo a capítulo (cada uno tiene el nombre de algún astro o de una dupla estelar), la comedia sigue las vidas privadas y las relaciones de los agentes y de sus asistentes. No son pocas las stars que exclaman “¡qué raros son los agentes!”. Ellos tienen desventuras amorosas, problemas económicos, y están muy solos: sobre todo esto, están muy solos. ¿Cuán solos tienen que estar para hacer brillar a sus representados? Son grandes puteadores cuando los problemas los desbordan: ¡qué lindo para el espectador escuchar unos cuantos putain!, bordel! y merde! en vez del fuck habitual que inunda las pantallas! La serie crea una nueva máxima y demuestra que no sólo los actores son seres sensibles, caprichosos, frágiles, ególatras y manipuladores. Claro que al ego lo manifiestan de otra manera, los agentes. Hay escenas conmovedoras. El final de la segunda temporada es desolador en ese sentido: quién podrá amarnos, por qué vivir de y para nuestro trabajo, qué logramos con todo esto, para qué tanto smoking y vestido de gala si somos cuatro fracasados, ¿no estamos absolutamente solos luego de una fiesta magnífica en la costa azul? Los ocho protagonistas de la serie se han vuelto un furor en Francia: la agencia ASK los ha convertido a ellos también en fabulosas y rutilantes estrellas humanas.

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