producción fotográfica: Alexis Maldonado 

Ratola: cancionista con visera

Cristian Gigena es cantante. Nació en Campana en 1985. Luego de haber formado parte de la banda que armó con amigos del secundario, Patadas Voladoras, se fue conectando con la movida de los cantautores que se gestaba en capital post-Cromañón y se lanzó a su carrera solista. Hoy dirige el ciclo Dejá Vu en Bisellia y en abril presentará su próximo disco, del cual el tema Bomba Ninja es el primer corte.

Entrevista por Leonardo Maldonado

¿Cómo te acercaste al canto, cuándo supiste que querías ser cantante?

Siempre me gustó la música, ya lo sabía desde que miraba a Carlitos Balá y lo imitaba. Mi abuelo, que era tapicero y carpintero, me hizo un micrófono de madera y yo andaba para todos lados con ese micrófono. Viste que a la música, o al arte en general,  te lo hacen creer como que es un hobby, por eso jamás pensé que iba a ser una carrera: me armo una banda y veo hasta dónde va, todo el tiempo está esto del hobby. Tenés el entorno y la ciudad preguntándote: bueno, qué otra cosa vas a hacer. La presión social. Yo creo que me lo creí hace cuatro años cuando realmente me di cuenta que mi vida estaba en función de eso.

Imagino que formaste tu primera banda en el secundario.

A fines del secundario. Me pasaba que a nivel teatral siempre tuve mucha vergüenza. Siempre me gustó mucho escribir, cantar me gustaba pero me daba vergüenza. Pero esto de armar bandas de chicos es interesante porque te vas sacando esa vergüenza, esa timidez. Nos la fuimos sacando entre nosotros, todos juntos. Apenas salimos del secundario, en el 2003, formamos Patadas voladoras.

¿Qué estilo musical tenía la banda?, ¿qué tocaban?

El estilo era lo que nos salía (risas).  Hoy veo un montón de pibes que se juntan a tocar pero que ya vienen del palo de la música. Yo siempre digo que nosotros cuatro nos juntamos porque no llegábamos a cinco para hacer un Fútbol 5 (risas). Tocábamos lo que veníamos escuchando. Estaba como muy metida la música rioplatense, Bersuit, la Vela Puerca. Y las cosas que uno iba descubriendo con los sonidos, como la distorsión, o lo que un hermano de nosotros traía y nos mostraba. Íbamos probando mucho, no teníamos un estilo marcado. Era como una especie de rock ligado a lo que es nuestro rock nacional, digamos, y a la vez fuimos armando este Frankenstein con lo que cada uno ponía. Hacíamos lo que podíamos y lo que nos salía en el momento, no teníamos un rumbo muy marcado.

¿Cómo fue tu formación en música?

Arranqué a estudiar guitarra con los hermanos Álvarez, Ruben y Jose, cuando estaba en el secundario. Y después empecé canto con un profesor que vivía a la vuelta de mi casa, Américo, un loco grande que cantaba tremendo, tipo tenor. Era rígido. El que empieza a estudiar canto por ahí al principio no le gusta tanto porque es muy estructurado: no cantás, tenés que vocalizar. Es muy disciplinado. Y después me fui a capital y estuve 3 o 4 años estudiando canto con Nancy Endrizzi, que fue la primera persona afuera de mi ciudad que me mostró la música desde un lado muy sano y muy lindo, sin ningún prejuicio, y me partió la cabeza. Hoy soy docente de canto y se lo debo también a ella. Hacíamos un trabajo semanal, generamos confianza, una amistad. Me hizo confiar en mí. En ese momento yo empezaba a ser solista y me pasó que descubrí otra voz en mí. Como musicalmente hacíamos lo que podíamos, también cantábamos como podíamos. Después instrumento estudié varias veces. Fui haciendo talleres hasta que hace 8 años entré en la Escuela de Arte y estudio el profesorado de música, que termino este año.


¿Qué instrumentos estudiaste?

Guitarra, piano un tiempo. El piano me fue muy difícil. Nunca tuve facilidad para los instrumentos. Con el canto tuve facilidad toda la vida, creo que fui afinado desde siempre, del día uno, más allá que uno va cantando distinto y mejorando el lado interpretativo, pero con los instrumentos me ha costado muchísimo. Hasta del lado físico me cuesta. Es raro lo que me pasa con los instrumentos. Le dedico mucho tiempo porque sino no podría tocar.

¿Cómo fueron creciendo con Patadas Voladoras?

Empezamos a tocar en todos lados, en capital, conocimos gente. Y caés en el negocio de la música de que empezás a tocar y tenés que vender entradas, que es como rarísimo. Tuvimos la suerte de compartir escenario con un montón de bandas, con Sancamaleón, Once tiros de Uruguay, con Masacre. Nos fuimos conectando y las cosas empezaron a aparecer. También nos dimos cuenta de que con la música podíamos cumplir sueños. Y después tocamos con bandas de la zona que uno admiró todo el tiempo, como Rober, Jose y Ruben, que son referentes. Fueron las personas que siempre me dieron la palabra de aliento. Capaz que les estaba mostrando algo que era horrible (risas) y ellos me decían "dale para adelante". Y eso me marcó. Fue zarpado.

De hecho, Rober te invitó para que cantaras con ellos en el escenario cuando Los Garfios cumplió 20 años. Y cantaste esa gran canción que es Por la espalda. ¿Cómo fue esa experiencia?

Fue terrible, fue como cumplir un sueño. Ellos hicieron una selección de gente con la querían tocar  y me eligieron, no lo podía creer, además es una canción que me encanta, fue un honor cantarla. Fue una experiencia hermosa. Para la banda era un momento clave. Y hoy compartimos con Rober el proyecto cultural de Patio Pampero.


¿Cómo fue el pasaje de Patadas a solista?

Yo venía componiendo cosas que no tenían nada que ver con lo que tocábamos en la banda, que iba por el lado del rock, o del rock-pop. Pasa que las bandas, para moverlas, es un bardo, son muchas personas. Y también aparece, post-Cromañón, toda una movida de cancionistas que empezaron a tocar desenchufados en un montón de lugares, en centros culturales, en casas. Y los empecé a ir a ver. Te hablo de Tomi Lebrero, Jano Seitun, Nacho Rodríguez, que después fue cantante de Onda Vaga. Esto en 2009, 2010. Me fui metiendo en esta movida. Y ni hablar de Juanito el cantor, que me cambió la cabeza a nivel compositivo. Cuando me llegó su disco no podía creer lo que estaba escuchando. No estaba diciendo algo fuerte pero estaba cambiando la manera de decir las cosas, que seguramente hoy ya cambió. Cosas sencillas, cotidianas. Me acuerdo que una canción decía "puedes sacar el pito por la ventana y hacer pis" (risas). ¿Qué está diciendo? Decía cosas cotidianas, que creo que en el rock fue Árbol el que las empezó a meter. Este tipo sacó un disco que se llama Doce canciones de amor y una botella de vino, y me volvió loco. Después me encontré con Aristimuño por un lado y con Coiffeur por otro. Coiffeur es un tipo que me fascina. Me empecé a conectar y me fue muy fácil acercarme y tocar con ellos. Iba a verlos, me acercaba, charlaba con ellos, tomábamos un trago de vino y a los 15 días estaban en mi casa comiendo empanadas.

En 2012 sacás el primer disco, Feliz cumpleaños.

Sí. Juan Archoni fue mi primer productor real y mano derecha musical, tocábamos todo el tiempo juntos, es un animal. Intentamos hacer un disco como los que escuchábamos, con Drexler a la cabeza. El disco era bien cancionero.

¿Cómo fue la composición?

Estos locos que te cuento empezaron a dar talleres de composición, en capital. Y hice uno con Tomi y Jano, La oreja atenta, que duró 6 meses. Mi primer disco salió casi todo de ahí. Vos llegabas, te daban consignas con ejemplos y te dejaban, después te daban devoluciones. A los que sólo escribían los ayudábamos a meter música. Después la Escuela de Arte me fue dando más teoría, y creo que esto se va a notar en este disco que estoy grabando ahora.

Feliz Cumpleaños lo presentaron en De 1 a 5 por C5N. Contanos cómo fue y las repercusiones que tuvo.

Yo miraba el programa y les escribía a los productores por twitter hasta que un día uno me dice que le pasara un mail. Tocamos 4 temas en vivo a las dos de la madrugada. Habíamos hecho un video acá en la ciudad donde participaron muchos amigos y alumnos y como lo pasaron en la pantalla tuvo mucha repercusión. Estuvo buenísimo, no es fácil llegar a los grandes medios.

En 2015 lanzaste el segundo disco, Cada día te quiero más. ¿Cómo lo grabaron?, ¿qué diferencias hubo en la producción en relación con el anterior?

Lo grabamos con Juan de la misma manera, en su home studio. Pero lo cargamos más de instrumento y le dimos más formato banda. Por ejemplo, en el primero grabamos un redoblante que era un vasito de plástico, porque nos gustaba ese sonido, y en este ya grabamos con batería. Fue un camino que estuvo bueno, fue como una segunda parte del disco anterior.



Hicieron varios videoclips de los temas y me llamó la atención la combinación entre música y viaje: Primero lo primero lo grabaste en Brasil; Morirme de amor en Italia, México y Cuba; Casita rodante en París, Londres y Venecia.

Yo siempre viajé y traté de conocer muchos lugares, pero lo despegaba de la música. Hasta que un día me pregunté por qué lo despegaba. Entonces me llevo el micrófono, el condenser y la cámara para filmar. La idea fue esa: compartir mis viajes con la música. Trato de generar movidas para ir a tocar. Tuve fechas en España, en Italia, en Cuba. Todo lo fui buscando yo. Siempre quise irme de gira y si la voy a esperar de la manera en que la pensaba o la imaginaba no voy a ir nunca.  Y después estos amigos vienen a Argentina y se quedan acá, hacemos intercambios buena onda.

El clip Primero lo primero consta de 3 planos, muy distinto al último, Bomba Ninja, que tiene un montaje frenético y hay muchos movimientos de cámara.

Filmar Bomba Ninja estuvo buenísimo. Armamos un grupo de trabajo y quisimos levantar la vara. Ahora quiero planear con más tiempo, para que no se te escape ningún detalle. Cuidar más la preproducción. Buscamos la locación, las bailarinas, un laburo grande.

¿En este último disco te vas a la cumbia?

Bomba Ninja no tiene nada que ver con el resto del disco. Compuse el doble de las canciones que van a salir, que son diez, y Bomba Ninja surgió de otro lado. Es un tema para que flote, para bailarlo, pero el disco es más cancionero con algunas cosas de la electrónica. Lo grabé en Zárate con Octavio Gómez, que es el productor del disco y a la vez tocó casi todos los instrumentos.  Fui con muchas canciones sin las letras cerradas, hay una frase que cerré ayer.

Cómo se va a llamar el disco.

Casi seguro que Otro mundo.

¿Cuándo lo vas a presentar?

El 20 de abril en Bisellia, que es mi casa.


Fuiste uno de los organizadores de Noche de solistas, contame un poco de esa movida.

Fue el primer evento de cantautores que hicimos en Campana que terminó derivando en una banda que se llamó igual y en un disco, No paren de bailar. Éramos cantautores que tocábamos tres temas de cada uno. Estuvo copado. Cantábamos Augusto Pérez Thote y yo, y tocaban Archoni, Santy Capece, Ponny Ponzio y Juan Slavin. Llegamos a hacer tres Pedro Barbero en Campana, dos Forum en Zárate repletos, fue una locura. No lo podíamos creer.

Grabaste unos covers de distintos cantantes, todos muy interesantes, distintos a las versiones originales, y los filmaste en distintas partes de Campana. La ciudad, de todos modos, está fuera de foco, en segundo plano, pero le das importancia. Cómo surgió esa idea.

Los dos primeros los hice en mi casa. Y sentí que me estaba quedando ahí, necesitaba salir. La voz es en vivo, la guitarra estaba grabada. Ahora tengo ganas de hacer una segunda tanda.

De esos covers me gusta particularmente la versión que hiciste de Amor clasificado, de Rodrigo.

A mí me gustan esas canciones y reversionar esas canciones. Cerati me vuelve loco, por ahí hago Puente, pero para mi vivo me gusta reversionar otro tipo de canciones. Hice Gilda. me gusta sacar a la canción de su estilo y llevarla a otro. En Bisellia hicimos varios homenajes: a Sandro, Gilda, Rodrigo, y ahora vamos a hacer a Shakira. Es como hacer el homenaje que nadie haría. Hay un tabú por el género: yo no voy a reconocer que me gusta Shakira (risas), en una charla no te da para decirlo, yo lo digo y por eso lo toco en vivo, pero está bueno ayudar a la gente a salir del clóset musical, como yo siempre digo, para que se de cuenta y que reconozca que le pueden gustar esas canciones.

La letra de Fuiste es muy buena.

Es terrible, me gusta mucho. Me siento un montón de horas para sacar una versión que me gusta.


Contamos sobre Dejá vu.

Es un ciclo de cantaautores que hacemos cada 15 días en Bisellia, en Campana. Empezó muy tranqui como una idea que fui recolectando de lugares donde fui a tocar, tanto en capital como en Madrid, en Barcelona, en Roma, ahora la última vez en Miami. Como en Campana los micros abiertos funcionaban sólo los fines de semana lo que hicimos en un comienzo fue abrirlos los miércoles. Lo que más queremos es que haya gente que quiera escuchar música, pero no en el plan viernes y sábados que es más salida, más reviente. Con el tiempo se terminó pasando a los jueves. Empezó muy entre amigos donde mostrábamos lo nuevo que hacíamos. Hubo que remarla mucho, como siempre que generás algo nuevo. Y hoy no hay que invitar a nadie a tocar, la gente se anota sola y me encuentro con gente arriba del escenario que no conozco. Es muy loco que Campana se haya vuelto como un polo dentro de los puntos donde los cantaautores de capital, de todo Buenos Aires, tengan un lugar al momento de cantar. Te diría incluso del país. Cuando alguien viene de gira a Buenos Aires, los que hacen los ciclos en capital le dicen que en Campana hay un lugar al que podés ir. Está buenísimo.


Por qué Ratola.

Era el nombre de mi fotolog en ese momento y viste que nos llamábamos por los nombres de los fotologs, nos veíamos en la calle y nos llamábamos así. Y como el proyecto de solista fue un poco inmediato y no sabía en qué iba a derivar, puse ese nombre. Me pareció que estaba bueno y lo seguí usando. Hoy todo el mundo me dice así, Cristian me llaman muy pocas personas.

#Ratola #música Campana #Bisellia